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    Mar de León
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    Todos sabemos que la televisión es un aparato que sirve para nuestro caprichoso entretenimiento. Parece una idea magnífica tener un aparato a nuestra disposición las 24 horas del día sólo para mantener nuestra distracción alimentada, pero todo esto me genera un dilema de ¿quién trabaja para quién realmente?
    ​¿Quién siente la soledad cuando acapara todo, el aparato o el humano?
    ​Hoy en día estamos acostumbrados a ver cualquier tipo de imágenes en pantalla, pero antes era sorprendente ver a los famosos hacer su magia frente a nosotros en nuestra propia casa.
    ​En mi muy particular experiencia con este revolucionario invento, mis familiares tuvieron mucho que ver. Claro que comprendo que cuando una mamá tiene a su bebé inquieto de tres años de edad y necesita media hora para descansar para poder educar con cordura a su crío, la televisión es una herramienta útil. Y de paso pone de buen humor al bebé y por ende a la madre.
    ​Como en todo, si se sabe utilizar la herramienta, nos será útil. De otra manera, si no la sabemos utilizar corremos el riesgo de volvernos útiles para ella.
    ​Lamentablemente la mayoría de las personas no saben. Y de quienes están detrás de los programas, noticias, hasta caricaturas que todo el mundo ve, ni siquiera sabemos de dónde vienen, quiénes son y qué pretenden.
    ​He presenciado dramas con personas que evidentemente vieron María Mercedes, o cualquier telenovela que estén pasando en la actualidad, porque se expresan idéntico.
    ​Creo que en México muchos de los jóvenes que empezaron, por ejemplo, a consumir alcohol en los años 90 fue porque vieron que un fornido y guapo actor de ojos azules lo tomaba junto con Araceli Arámbula mientras ella caía enamoraba a sus pies.
    ​Y claro que los jóvenes asociaron el tomar alcohol con que una mujer bonita simpatizara con ellos. Y lo peor es que a mucho sí les funcionó. Sí tuvieron a las mujeres bonitas o lo que sea que quisieran, pero ellos bien podrán responder ¿a qué precio?