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    Vicente Luna Hernández

    La historia es la misma en todos los procesos electorales, aquellas y aquellos que no resultan favorecidos con alguna candidatura o no logran mantener o ampliar sus cotos de poder político en sus partidos, por arte de magia descubren lo antidemocráticos que son las dirigencias que en su momento fueron sus aliados y de pronto son sus más acérrimos adversarios casi rayando en enemigos, ¿alguien se sorprende?


    Ningún partido está exento de estas fugas y cambios de camiseta e incluso, cuantas historias se han descubierto de representantes populares y funcionarios públicos que presumían un color de playera y abajo traían otra para lo que se ofreciera, ¿cómo llamarle a esas acciones? ¿En serio todos los que cambian de partido son traidores a sus colores? ¿En serio apelan a sus idolologías para justificar sus decisiones? Aquel político que se enriqueció bajo las siglas de un partido, aquel funcionario que hizo negocios al amparo del poder ¿está en la misma canasta que aquel militante que buscó espacios de participación política en otro partido? ¿Quién es el verdadero traidor? ¿En serio son tantos traidores como para constituir un partido? ¿Cómo se llamaría esa nueva fuerza política? ¿Con qué cara llegan a su nueva “casa” y dicen: “a sus órdenes jefe o jefa”?
    Es común que quien toma la decisión de cambiarse de partido presuma que cientos o miles seguirán su camino, presuma que la democracia está en otro lado y no donde disfrutaba de las miles del poder, quienes toman la decisión de apoyar otro proyecto descubren que la casa de enfrente “está más limpia” y que a sus habitantes les “urge” y necesitan su presencia, ofrecen los votos que nunca le dieron al partido que los cobijó e impulsó y tal vez… En algún momento defendió y encubrió, ¿a quién quieren engañar?
    Hay una frase que dice: “Nunca digas de esa agua no beberé, porque el camino es largo y te puede dar sed” y es frase cae como anillo al dedo en estos tiempos de brincos constantes de un partido a otro sin pudor alguno, ¿cómo justificar lo injustificable? Es simplemente ambición política de aquellos que se han enriquecido bajo las siglas e un partido y están acostumbrados a presumir un poder de convocatoria o liderazgo que fueron perdiendo poco a poco en el ejercicio del poder, ya sea por alejarse de las bases sociales o por soberbia y mal desempeño en sus responsabilidades de gobierno o legislativas.

    El liderazgo hay que alimentarlo de manera constante, la comunicación con los integrantes de un grupo social o político debe ser permanente y sobre todo, no olvidar que no hay que minimizar a ninguna minoría social, cuando esas minorías desplazadas por la soberbia, ignoradas por las elites partidistas o políticas se unen, son la mayoría que da victorias electorales y encumbra esos liderazgos que ayer nadie tomaba en cuenta, se van las elites pero ¿también se van con ellos las bases sociales?
    Es una realidad que la mayoría de las veces llegan a las dirigencias partidistas mujeres y hombres por designación directa de las elites políticas pero son pocos los que traen un liderazgo social o trabajo con las bases sociales, san militantes partidistas o de otros sectores de la sociedad, hoy hay que rescatar esos liderazgos, hoy más que nunca hay que impulsar aquellas mujeres y hombres que sin pertenecer un partido o a las elites políticas, representan amplios sectores sociales y deben ser escuchados y tomados en cuenta pero sin simulaciones y sin falsas demagogias como la palabra “amiga” o “hermano” hoy esos liderazgos son buscados con urgencia por aquellos que estando en la cúspide el poder los ignoraron y los minimizaron de manera vulgar, hoy esos operadores políticos o personas que decidieron saltar de partido, se aparecen y se hacen los amigables y atentos, ¿cuándo les dieron un trato con humildad y respeto? ¿Cuándo atendieron sus llamadas estando en la plenitud del poder? ¿Cuándo realmente les prestaron atención cuando se dignaron darle algunos minutos de su valioso tiempo después de 2 o 3 horas e espera? ¿Están conscientes que al presumir de ser amigos de quien van a buscar ahora o les llaman por teléfono es como darles una cachetada a sus interlocutores?
    Es cierto, se van las elites pero las bases de militantes o sectores sociales que ayer representaban e incluso los apoyaron en sus proyectos políticos no se van, no quieren estar en el mismo barco que ellos, no solo porque no comulguen o simpaticen con el nuevo proyecto político, sino porque no quieren abonar más a que sigan disfrutando de las miles del poder y estar como simples espectadores…se las cambian por hiel.
    P.D.- Con el ánimo que la sociedad civil organizada ponga en la mesa de discusión los temas que los partidos y candidatos ignoran…Escribiré otro día.