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    Miguel Ángel Gómez Ruiz
    Contrapunto

    A menos de un mes de la elección se vive un ambiente tan polarizado que si no estamos en guerra los propios mexicanos es porque de plano da flojera pensar que pudiesen enfrentarse los simpatizantes del presidente López –no de Claudia Sheinbaum- con las personas que no les favorecen.

    La campaña sigue en marcha y la opositora Xóchitl Gálvez sigue llenando calles, callejones y estadios y su adversaria, la oficialista Claudia Sheinbaum no se arriesgó a meterse de lleno a auditorios muy grandes pues es entendible que todo cuesta dinero, tanto los auditorios como el propio acarreo.

    No es una cuestión de favoritismos, por lo menos esta columna no está entregada a nadie, pero es lógico ver que en sus eventos, Gálvez tiene el cariño de la gente y pese a que por momentos habla de este gobierno, de su rival y de los malos resultados de esta gestión, lanza propuestas más o menos creíbles. En cambio, el discurso de Sheinbaum, que según sus agoreros le lleva 200 puntos de venta a Xóchitl ataca con todo a la derecha, a los ricos, a la clase media –igual que el presidente- y asombra ver a gente que quiere que eso ocurra otros seis años.

    México es un país grande y no sólo de tamaño. En él se han escrito historias de sangre, de libertad, de corrupción, de grandeza espiritual, de tradiciones y es un país que en su momento, llegó a estar entre los más grandes en cuanto a crecimiento y competitividad. Eso dejó de serlo desde hace muchos años, no sólo en el gobierno del presidente López, sino con el expresidente Peña Nieto, pese a que su último año de gestión fue el mejor en su mandato.

    Hoy, vemos a un México que no hace lista de presente en muchos eventos en donde antes lucía. Ahora vemos a un gobierno que defiende tiranías como en Cuba, Nicaragua y Venezuela. Que protege a delincuentes y que enarbola el comunismo como si fuera la gran cosa y la gente apoya al presidente, por lo menos muchos, como si fuera un payaso o alguien que les divierte. Y por supuesto, si eso les representa una entradita de dinero, por más que sea menos que simbólica, mejor.

    No hay visos de mejorar a futuro y menos si un gobierno de izquierda sigue poniéndole el pie a un país poderoso como Estados Unidos. Mucho menos si tenemos a un gobierno que violenta la ley electoral, que miente a diario y que opina de otros países como si nada, pero que en el momento que es criticado se defiende como gato boca arriba sin tener la razón, sólo para que el show siga.

    Por eso es que el presidente López eligió a Claudia Sheinbaum. Ella es obediente, servicial, barbera, fría, refleja odio y finge interés y promete un crecimiento que no va a llegar. Ella está dispuesta a dejar en manos del presidente López el futuro del país y créalo, no es un simple comentario. Si ella gana, así va a ocurrir.

    López no se fue con Marcelo Ebrard pese a que es el triple de inteligente que Sheinbaum que en su mayor parte muestra un gesto adusto, hasta de aburrimiento y una frialdad que al parecer, cautivó a muchos que no piensan que el futuro del país está en riesgo.

    El gran problema para la oposición es que un sector de la población está cautivado –o comprado- por este gobierno a cambio de un voto y además, otro sector de la población, esa que no tiene nada, ni siquiera para comer hoy, carece de medios electrónicos, no lee periódicos y mucho menos cuenta con Facebook, X, Threads o cualquier otra red social.

    El grave problema de los gobernadores, senadores, diputados locales o federales y hasta alcaldes que pertenecen a Morena, el Verde y el PT es que no se preocuparon por el país. Desde que fueron electos o impuestos, se volvieron Lopistas, la gran prueba fue la reunión en la que –casi como si fueran sirvientes o poca cosa- estuvieron con el presidente, en el acto más vergonzoso y servil que se ha realizado.

    Y al final, crearon una que otra iniciativa, subieron a tribuna, gritaron, insultaron, dieron sombrerazos y todo tipo de actos corrientes no para hacer crecer al país, sino para mostrarle obediencia al presidente. Así fue.

    No sé si vayamos a leernos en otra columna, pero sí creo que será importante ampliar el discurso y seguir compartiendo, con aquellos que no tienen acceso a medios, para darles esta alerta: “Estamos perdiendo al país. Cada vez hay más pobres y menos gente feliz. Todos los mencionados que ostentan cargos en el gobierno se están volviendo cada vez más ricos y sus seguidores cada vez más jodidos. Si ellos cambian la Constitución tenga por seguro que o López se impone como dictador o Sheinbaum le entrega el control del país y entonces veremos más narcotráfico, más crímenes, más Lopistas serviles y más viles y todo se irá al carajo.

    PD Cada vez me cuesta más estar en contacto. Tengo mi computadora descompuesta (ya está pedida la refacción) y tengo que caminar –que casi no puedo- lejos-. Las neuropatías son brutales. La presión arterial no baja y los medicamentos para la diabetes parecen no hacer efecto. Me he sentido morir en ocasiones y prefiero estar de pie haciendo algo que permanecer sentado, pues en pocos minutos siento como el cuerpo se engarrota y no quiere ceder. Sé que escribiré menos, pero lo seguiré haciendo hasta que el cuerpo ya no pueda más. A ustedes, mi afecto.