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Vicente Luna Hernández
Hoy las redes sociales informan, enlazan, generan recursos económicos pero – en su manejo irresponsable – generan enfermedades mentales y tragedias, jóvenes – hombres y mujeres – dispuestos a todo – legal e ilegal – por generar controversias, interés en lograr un impacto mediático que les permita estar en el centro del debate público, jóvenes que dada la popularidad que tienen y sus miles de seguidores que presumen, se sienten inmunes a las críticas y creen que pueden actuar con total impunidad en hechos constitutivos de delitos.
Hoy las mujeres llamadas “influencer” presumen su maternidad juvenil cuando la realidad social está muy lejos del mundo idílico que presumen en sus redes sociales, ese mundo alejado de la realidad social que enfrentan las jóvenes al enfrentar solas – por ausencia del padre – la crianza y manutención de su bebé, hoy esas jóvenes con su exposición mediática “invitan” a otras jóvenes a seguir sus pasos, actuar de manera irresponsable y se jactan de ser fuente de inspiración para el desarrollo de otras jóvenes, ¿y las madres y padres de esas “influencer”?
La sociedad ha sido testigo de los casos de violencia criminal que han escenificado algunos “influencer” que eran admirados, “seguidos”, aceptados e incluso se les envidiaba su nivel de vida, presumían una felicidad desbordante, contagiosa, sin embargo, muchos de ellas y ellos cuidan su apariencia física y material y descuidan su salud mental, ¿qué le admiran sus seguidores? o ¿acaso los seguidores también necesitan cuidar su salud mental?
La realidad es que el tema de los “influencer” debe ser un tema de interés público por las instituciones de salud de los tres órdenes de gobierno,, los hechos de violencia en que se han visto involucrados como actores principales e incluso algunos de ellos y ellas relacionados con grupos de la delincuencia organizada tiene que ser atendido por el Estado, es una realidad que tienen un impacto social con sus palabras y sus acciones, muchas de esas palabras y acciones llevadas a cabo con una gran irresponsabilidad, ¿dónde empieza y termina la libertad de expresión?
