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    Jorge Viveros Pasquel

    Cuando se habla de Rusia,  mayorítariamente se visualiza como una potencia mundial con vastos recursos energéticos, un enorme poder militar y una historia de superpotencia. México, por otro lado, suele ser asociado al turismo, la manufactura y a una economía emergente ligada a los Estados Unidos. Sin embargo, cuando se comparan los indicadores económicos clave de ambos países, las diferencias no son tan grandes como se suele imaginar. De hecho, en muchos aspectos, México y Rusia se encuentran en planos similares.

    En 2023, el Producto Interno Bruto (PIB) de Rusia fue de aproximadamente 2.2 billones de dólares, mientras que el de México rondó los 1.8 billones de dólares, una diferencia real pero no abismal. Si tomamos en cuenta el PIB per cápita —es decir, la riqueza promedio por habitante— la distancia se reduce aún más: Rusia con cerca de 15,000 dólares y México con unos 14,000 dólares al año, según cifras ajustadas por paridad de poder adquisitivo. Por otro lado, la expectativa de vida en México es de 75 años, mientras que la rusa es solo de 71 y por increíble que parezca es más marcada la desigualdad en Rusia, principalmente por una clase oligárquica muy ligada a Putin. También cabe destacar que México tiene una democracia más abierta y con mayor apertura a la oposición y por último a partir del nuevo milenio, el rublo ruso ha perdido aproximadamente un 90% de su valor frente al dólar, en comparación, el peso mexicano ha sufrido una depreciación de alrededor del 50%, es decir, tenemos una moneda más estable en el último cuarto de siglo. Esto demuestra que, aunque Rusia tiene una economía un poco más grande, México no se encuentra muy lejos en términos de desarrollo relativo.

    Ahora bien, Rusia destaca por su abundancia de recursos naturales, especialmente gas y petróleo, lo que le han permitido sostener su economía y su influencia internacional. México, en cambio, tiene una economía más diversificada, con fortalezas en la industria automotriz, la electrónica, la agricultura, el turismo y un comercio exterior muy dinámico, especialmente con Estados Unidos a través del T-MEC. 

    En cuanto al Comercio e Integración Internacional, México es uno de los países más abiertos, con tratados con más de 40 países. Su cercanía con EE.UU. lo convierte en un eje fundamental del comercio global. Rusia, en contraste, se ha visto cada vez más aislada en los últimos años debido a sanciones internacionales por conflictos geopolíticos. Este aislamiento ha limitado el acceso de Rusia a mercados, tecnologías y capitales, lo que contrasta con la posición estratégica de México como puente entre Norteamérica, América Latina y Asia.

    En lo que respecta a algunos de sus indicadores demográficos; México igualará a Rusia en población total alrededor del año 2036 (en solo 11 años) pero tenemos una ventaja demográfica clara, ya que contamos con una población joven, en crecimiento y con potencial económico. Rusia, pese a tener más población hoy, enfrenta un futuro incierto con una población envejecida, en disminución y afectada por condiciones sociales y políticas adversas.

    Es decir que aun cuando en la percepción global Rusia aparece como una nación más poderosa, al observar con atención los indicadores económicos, demográfico y las dinámicas internas, México y Rusia muestran niveles de desarrollo similares en muchos sentidos, ahora bien, la guerra con Ucrania indudablemente ha tenido altos costos sociales y económicos para Rusia, con una trayectoria de estancamiento y costos futuros.

    En conclusión, la narrativa de que Rusia es significativamente más rica o más desarrollada que México no se sostiene del todo con los datos actuales. Ambos países se encuentran en una especie de zona intermedia del desarrollo global, con fortalezas particulares y desafíos estructurales que los colocan en una realidad más cercana de lo que se cree.