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Jorge Viveros Pasquel
El México de hoy, con Claudia Sheinbaum al frente, ya es menos violento, en términos de homicidios dolosos, que el que dejó Felipe Calderón en los últimos años de su sexenio. Los datos no mienten: el promedio diario de asesinatos en marzo y abril de 2025 es de 62 homicidios diarios, una cifra preocupante pero inferior a los 71 homicidios diarios registrados en 2011, en el penúltimo año del calderonismo, y a los 66 de 2012, su último año de gobierno. En conjunto, esos dos años nos dejan un promedio de 68.5 homicidios por día.
La comparación es incómoda para quienes aún defienden la llamada “guerra contra el narco” lanzada en 2006 cuando Felipe Calderón asumió el poder y en donde, apenas unos días después, ordenó una ofensiva militar contra el crimen organizado que incluyó una espiral de violencia en la que ejecuciones, enfrentamientos armados, casos de tortura y desapariciones forzadas se volvieron parte del paisaje cotidiano de las fuerzas armadas en amplias regiones del país, lo que lejos de debilitar a los cárteles, los fragmentó, generando organizaciones más pequeñas, más violentas y menos controlables lo que desbordó las capacidades del Estado y provocó una escalada de violencia sin precedentes, dejando una herencia de muerte y descomposición institucional que ha costado muchísimo frenar y luego revertir.
Si bien el reto sigue siendo enorme, y 62 asesinatos diarios aún es una tragedia, los datos sugieren que es posible contener la violencia sin el uso indiscriminado de la fuerza. La evidencia apunta hacia una conclusión clara: la estrategia de Calderón no solo fracasó rotundamente, sino que fue un error gravísimo y el México de hoy, aunque imperfecto, está pagando menos caro ese costo.
