Durante años, se ha difundido el mito de que “los inmigrantes aumentan la criminalidad” en Estados Unidos. Sin embargo, investigaciones serias y datos oficiales desmienten esta afirmación de manera muy contundente.
De acuerdo con información publicada por el American Immigration Council y el National Bureau of Economic Research (NBER), a medida que la inmigración ha crecido en Estados Unidos, los índices de criminalidad han disminuido. Contrario a las percepciones negativas, los inmigrantes no sólo no representan un riesgo mayor de criminalidad, sino que tienden a tener menores tasas de encarcelamiento que los ciudadanos nacidos en el país.
Un dato particularmente revelador señala que en 2020, los inmigrantes tenían un 60% menos de probabilidades de ser encarcelados en comparación con la población estadounidense nacida en el país. Además, esta tendencia no es nueva: desde 1870, los inmigrantes han mostrado consistentemente tasas de encarcelamiento más bajas.
Diversos estudios adicionales refuerzan esta conclusión. Por ejemplo, un análisis del Pew Research Center ha encontrado que entre 1990 y 2020, mientras que la población inmigrante en Estados Unidos prácticamente se duplicó, los índices de delitos violentos como homicidios, violaciones y asaltos graves se redujeron en más del 50%. Estos resultados contradicen de manera directa el discurso que asocia inmigración con inseguridad.
Asimismo, se ha observado que las comunidades con mayores concentraciones de inmigrantes tienden a presentar mayores niveles de cohesión social, participación comunitaria y actividad económica, todos ellos factores que contribuyen a entornos más seguros.
Por otro lado, reportes del Cato Institute revelan que los inmigrantes, tanto documentados como indocumentados, tienen tasas de encarcelamiento más bajas que los ciudadanos estadounidenses nativos, lo que refuerza la idea de que la inmigración no representa una amenaza para la seguridad pública.
Estos hallazgos son fundamentales para desmontar prejuicios y promover una visión más justa y basada en evidencias sobre el impacto de la inmigración en la sociedad estadounidense. Ignorar estos datos puede perpetuar estereotipos dañinos que afectan no sólo a los inmigrantes, sino a toda la estructura social y cultural del país.
La realidad es clara: la inmigración no incrementa la criminalidad, sino que coexiste con una sociedad más segura y dinámica. Estos datos deben ser conocidos y difundidos para construir una narrativa más veraz, humana y basada en hechos sobre quienes buscan un nuevo hogar en Estados Unidos.
