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    Maribel Ramírez Topete*

    Las elecciones han pasado. Los resultados ya son públicos, pero más allá de cifras y porcentajes, lo que verdaderamente nos debe llamar a la reflexión es la baja participación ciudadana. Esa es la señal más clara de que Xalapa vive una profunda crisis de confianza. Porque lo que enfrentamos no fue solo una contienda electoral: fue el desafío de mover a una ciudad desencantada.

    Durante la campaña, recorrí colonias, calles, mercados y comunidades. Escuché en voz de madres, jóvenes, trabajadores y personas mayores una misma exigencia: “necesitamos un cambio”. La ciudadanía pedía mejores servicios, seguridad, agua, transparencia, cercanía. Pero ese anhelo, tan legítimo, se topó con una dura realidad: el día de la elección, la mayoría no salió a votar.

    ¿Cómo reconciliamos esa contradicción? ¿Cómo es posible que una ciudad que exige cambio, se mantenga al margen en el único momento en el que puede ejercerlo con poder? La respuesta duele, pero es urgente enfrentarla: la desconfianza hacia el sistema político es tan grande, que muchos prefieren no participar. El abstencionismo no es apatía: es hartazgo. Es una protesta silenciosa de una ciudadanía que no se siente representada.

    Como candidata del PAN, asumí esta campaña con convicción, sin simulaciones, sin estructuras compradas, con propuestas claras y la frente en alto. Lo hicimos de manera cercana, honesta y valiente, sabiendo que enfrentábamos a un aparato oficial poderoso, pero creyendo que la voluntad ciudadana podía más.

    Y sí, hubo apoyo, hubo entusiasmo, hubo esperanza. Pero también hubo miedo, decepción, resignación. Enfrentamos no solo a nuestros adversarios políticos, sino a una barrera invisible: el desencanto generalizado.

    Xalapa merece más. No podemos aceptar como normal que más del 70% de la población no participe en decisiones fundamentales para el futuro de la ciudad. La democracia se debilita cuando se convierte en rutina vacía, en trámite sin esperanza.

    Agradezco con el corazón a quienes salieron a votar, a quienes caminaron conmigo, a quienes dieron su confianza a pesar del contexto. Pero también me dirijo a quienes no acudieron: los entiendo, pero no podemos rendirnos. El cambio que exigimos no vendrá solo; tenemos que provocarlo juntos.

    Hoy termina una etapa, pero no el compromiso. Seguiré aquí, defendiendo las causas justas, escuchando a la gente, trabajando con la misma convicción con la que inicié esta campaña. Porque creo en Xalapa. Porque sé que, a pesar del desencanto, aún hay muchas personas que creen que sí se puede cambiar el rumbo de esta ciudad para vivir mejor y por una ciudad feliz.

    *Candidata del PAN a la Alcaldía de Xalapa