Teresa Carbajal
Debo, no niego; pago, lo justo
¡Circo, maroma y teatro!, es lo que hacen las Financieras, para evitar eludir el
brazo de la justicia y continuar en la impunidad ante la falta de transparencia, y ya
no se diga ordenamiento, en su modus operandi para generar sobre
endeudamiento en la población.
Fue este miércoles cuando tuvimos la cita en la Condusef de Veracruz, para que
se llevara a cabo la segunda audiencia de conciliación y resolver un tremendo
caso, en donde por miles, ahora se deben cientos de miles.
El caso comienza con una mujer en edad adulta mayor, a quien llamaremos Laura
para proteger su verdadera identidad, quien, afligida y rebasada por la necesidad
de atender la situación de salud de su madre, una adulta aún mas mayor que ella.
No recibía en el sector público de salud la atención adecuada para sus
padecimientos, y a quien había que atender sí, o sí, ¡pues qué clase de hija, deja
morir a su madre? O la ve sufrir sin buscar la solución, que le permita vivir con
dignidad, cariño y atenciones médicas, esa etapa final de su vida.
El deplorable estado en que se encuentran los servicios de salud públicos, a los
que deberíamos de tener acceso la clase trabajadora de manera gratuita, están
destruidos, y en una situación de precariedad, que no le voy a contar yo a Usted
que me está leyendo, porque todos sabemos de lo que hablo, incluso con la
experiencia en carne propia.
Sabemos que, si no hay especialistas en el seguro, tienes que ver de donde “jalas”
con tal de solventar la emergencia del momento, máxime si se trata de una
enfermedad, de esas que llevan tratamiento especializado o atención prolongada.
Laura cometió el error de confiar en la financiera de préstamos infelices, para
completarse y solventar los gastos de su madre, sin ver que dentro de los
“requisitos” que se piden, está la firma de pagarés en blanco. Y de contratos a
modo, en donde aceptas no solo tasas de interés elevadas, porque ojalá eso fuera
todo. El problema de la falta de trasparencia en la colocación de estos préstamos,
es que nunca te dan copia de lo que firmas, aunque sí te hacen firmar que lo
recibiste.
Una vez que aceptaste un préstamo de cincuenta mil pesos, y estás casi por
terminar de pagar. Con engaños te ofrecen una reestructura que baje el costo de la mensualidad, pero como la urgencia es mucha de liberar tus ingresos mensuales, para poder estar mas liviano de gastos, al momento de enfrentar todo lo demás que la emergencia de vida, y la supervivencia (alimentación) te
requieren. Aceptas.
Entonces te dan por liquidada la primera deuda, haciendo polvo lo que ya habías abonado, y empieza a correr la nueva cuenta; claro, que con el dinero de la reestructura, firmas un contrato en donde reconoces que vas a recibir una cantidad ahora mayor, aunque un 90% se va al pago que ellos mismos se hacen, por el primer préstamo, pero tu firmas por la suma mayor, y ellos solo te depositan
la diferencia, más o menos un diez por ciento.
Por ejemplo, firmas por 75 mil, a pagar en total 250 mil, y solo te abonan 13 mil,
porque el resto se fue a liquidar la deuda anterior. Claro que, a ese paso, terminas
endeudado por cientos de miles de pesos, sin que sepas “en donde quedó la
bolita”, porque jamás recibiste dicha suma.
Es evidente que ante una deuda de esa dimensión, en donde empezaste a
enfrentar una ola, y ahora ves un tsunami frente a ti, llega un momento en donde
ya no puedes seguir pagando.
Es ahí, cuando la financiera lleva tu pagaré al juzgado para reclamar el total de la
deuda, pero ya inflada (eso sí es ‘inflación’) y aparte te pide intereses sobre eso,
pues al Juez le dicen que jamás te dignaste a pagar un solo peso, haciéndote
quedar como un deudor moroso.
Del que apuestan no tendrá como defenderse, pues de los documentos firmados,
unos los escondieron y otros los llenaron a su modo. La única forma de entrarle al
juego de “donde quedó la bolita” es llevarlo ante la Condusef para que presenten
copia de los documentos que te hicieron firmar.
De tal manera que ahora la manera que han ideado para evadir, esa instancia es
hacer que la Comisión se declare incompetente, por la existencia de un juicio,
yéndose por la vía de la impunidad al no presentar jamás el comprobante de lo
que te depositaron, pues eso, dejaría al descubierto el crimen financiero.
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