Vicente Luna Hernández
Hay un dicho que dice “no hay mal que por bien no venga”. Se interpreta que de los momentos difíciles y de las adversidades pueden surgir oportunidades de crecimiento personal y resultados positivos. Es decir, de lo malo puede surgir algo bueno. Esto es lo que podría pasar con la llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos.
Su política exterior ya se vislumbraba en relación con México. La defensa de los intereses de EE. UU.desde su punto de vista no tiene nada de raro: cuenta con amplio respaldo popular y tiene mayorías en el poder legislativo. El verdadero reto no es lo que hará Trump, sino qué medidas tomará el gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo para cuidar los intereses de México y proteger los derechos humanos de los paisanos que viven al otro lado de la frontera.
Es cierto: no hay mal que por bien no venga.
La realidad es que la relación bilateral entre México y Estados Unidos siempre ha estado entre alfileres. La corrupción ha sido un punto débil del gobierno mexicano. Las complicidades entre el poder político y el poder criminal han sido históricas —no “históricas” como algo fantástico, sino porque, sin importar el partido que gobierne, funcionarios públicos e incluso exgobernadores han sido encarcelados en Estados Unidos por vínculos con el narcotráfico.
Lo de Genaro García Luna fue la cereza en el pastel de los gobiernos “neoliberales”. Esto dañó la imagen del país en el exterior, y seguro aún hay muchas historias que contar en esta relación. ¿Quién será el próximo que caerá?
Hay dos temas que desde el inicio de su administración la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha tenido que enfrentar con el gobierno de Trump:
1. El tema de los aranceles
2. Los señalamientos de complicidad con el crimen organizado
Insisto: estos señalamientos no son nada personal del presidente Trump contra la presidenta Sheinbaum. Es una política de Estado que ha impulsado el gobierno de EE. UU. en defensa de sus intereses. ¿Qué de raro tiene?
Así como ayer cayeron algunos exgobernadores del PRI durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, así como cayó el exsecretario de Seguridad Pública del gobierno del PAN encabezado por Felipe Calderón Hinojosa, que nadie se asuste si en el gobierno de la 4T caen algunos más. ¿Qué de raro tiene?
La Cuarta Transformación –impulsada por Morena– bien vale una misa.
La realidad es que los adversarios más fuertes del segundo gobierno de Morena en Palacio Nacional no están en la oposición partidista ni —lamentablemente— en la sociedad civil. Quienes ocupan cargos de poder al interior del Congreso de la Unión y el grupo muy cercano al expresidente y líder fundador de Morena, son quienes le quitan el sueño a la presidenta.
La realidad es que poco a poco ella hará los ajustes necesarios, tomará las medidas políticaspara incrementar su nivel de influencia al interior del partido en el poder y mandará señales contundentes: que no hay dos poderes en Palacio Nacional. La historia del poder político en México ha dado ejemplos muy explícitos.
Si la presidenta extiende su mano abierta y franca y con los dedos de la otra señala quiénes saldrán del Edén… ¿qué de raro tiene?
El acuerdo o próximos acuerdos alcanzados entre presuntos narcotraficantes y el gobierno de Estados Unidos es algo que ocupa pero no preocupa a la presidenta.
Ahora más que nunca tendrá vigencia la frase: “quien nada debe, nada teme”. Que cada quien se haga responsable de sus actos y que diga en su defensa lo que tenga que decir.
La presidenta, al final, solo hará un recuento de los daños.
¿Meterá las manos al fuego la presidenta por quienes fueron sus principales detractores camino a Palacio Nacional?
¿Saldrá en defensa de tipos impresentables que dañan la imagen y los postulados de Morena?
¿Pondrá en juego su prestigio, su honor y su paso a la historia —como primera mujer presidenta de la nación— para confrontar al gobierno de Estados Unidos y a la opinión pública por encima de los intereses de México?
¿Fue elegida por amplia mayoría del pueblo para representar con dignidad a México, o para dejar cachos de dignidad en su caminar?
El escenario está puesto:
• lograr acuerdos bilaterales en beneficio de México
• administrar de manera honesta los recursos públicos
• impulsar una mejor coordinación bilateral para combatir el narcotráfico y el huachicol fiscal
• y defender los derechos humanos de los paisanos, legales e ilegales, que viven en EE. UU.
Ese es el trabajo que debe llevar a cabo el gobierno de manera inteligente y eficaz. Insisto: no es nada personal entre Trump y Claudia Sheinbaum.
Al final del camino, la presidenta le dirá al presidente:
“Yo no te pido la luna”.
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P.D. Con el ánimo que la frase:
“una intención evidente para debilitar el proyecto transformador, sembrando división y desconfianza”—firmado por los morenistas en el Senado en defensa de su Coordinador— se les mande a sus casas a varios morenistas que hacen gala de la soberbia y sus vulgares ambiciones…
Escribiré otro día.
