Jorge Viveros Pasquel
En una declaración tan arrogante como ignorante, Donald Trump volvió a menospreciar a México. Esta vez, al referirse a los servidores públicos, fuerzas armadas y policías en nuestro país, al afirmar que tienen miedo de enfrentar al narco.
Pero lo que el presidente de los Estados Unidos no entiende, o finge no entender, es que en México sí hay policías estatales y municipales, soldados, marinos, guardias nacionales, elementos de inteligencia, personal administrativo, etc., que todos los días enfrentan al crimen organizado, en algunas ocasiones con equipos obsoletos, poco respaldo político o también sin muchas garantías reales o protección a su vida y la de sus familias, y que aun así cumplen con su deber.
Es muy fácil para Trump dar lecciones de seguridad desde su club de golf en Florida. En cambio, los elementos mexicanos que patrullan Aguililla, Tepalcatepec, Tierra Caliente, Badiraguato o el norte de Zacatecas, enfrentan emboscadas, sobreviven a embates de drones armados y, aun así, asisten diariamente a una lucha que poco a poco ganan las instituciones del orden público mexicano. Los soldados estadounidenses hoy en día no patrullan pueblos, ni tienen que decidir entre disparar o ser juzgados por usar la fuerza. Los policías mexicanos sí. La diferencia no es el valor, la diferencia es el contexto.
¿Qué elemento de la DEA o del FBI patrullaría una sierra remota sabiendo que el enemigo tiene rifles Barrett, drones explosivos y radios encriptados? En México hay policías que lo hacen a diario, lo hacen con disciplina, pero sobre todo, con un sentido del deber que va más allá de la propaganda electoral. El primer mandatario estadounidense se equivoca, pues quizá no en todo el territorio mexicano nuestros operativos cuenten con el respaldo aéreo inmediato, ni con sistemas de inteligencia satelital, y aun así, a diario cumplen sus funciones.
Para mí es obvio que Donald Trump no conoce la historia de quienes han caído en operativos rurales, de los marinos que desaparecieron tras interceptar cargamentos, de los comandantes que han sido asesinados junto con sus familias por cumplir con su deber. No presidente, no se equivoque: los soldados, policías mexicanos y los muchos servidores públicos (incluida la Presidenta Sheinbaumy Omar García Harfuch) que a diario combaten al crimen organizado, lo hacen con una valentía que pocos militares del mundo soportarían si se vieran en las mismas condiciones. No lo hacen por aplausos internacionales, ni por presiones políticas. Lo hacen porque creen en una patria a la que no traicionan.
