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    Maribel Ramírez Topete 

    El reciente escándalo provocado por las declaraciones de Javier “Chicharito” Hernández, donde promueve estereotipos de género y afirma que “las mujeres están fracasando al erradicar la masculinidad”, sirvió de oportunidad para que el oficialismo montara una condena pública: comunicados, entrevistas, posicionamientos institucionales, e incluso declaraciones de la propia presidenta, que no dudó en señalarlo como “machito”.

    Pero el problema no es la condena, sino la hipocresía con la que se ejecuta. Porque mientras el aparato de comunicación de Morena se indigna, cancela, sanciona y moraliza, los machitos de su propio partido siguen protegidos, blindados y hasta premiados con cargos públicos.

    Esa es la gran diferencia entre un feminismo real y el feminismo de utilería.

    La crítica que diversas mujeres, desde el activismo, el análisis y la experiencia política, han hecho en días recientes es clara: Morena hace escándalo cuando le conviene y calla cuando se trata de uno de los suyos. Ese doble rasero es no solo injusto, sino profundamente ofensivo para quienes hemos luchado por décadas por los derechos de las mujeres en este país.

    ¿Dónde estaban los comunicados institucionales cuando una candidata denunció violencia política dentro del partido? ¿Dónde estaban las condenas cuando se postularon a hombres acusados de abuso, acoso o abandono? ¿Por qué se guarda silencio ante las violencias que se comenten en el poder, si el poder es de casa?

    Esa actitud no es nueva. Es la misma lógica que usaron para justificar el recorte presupuestal a refugios de mujeres víctimas de violencia, al Inmujeres, a los programas de salud, como la prevención y atención del cancer, las medicinas, al financiamiento de colectivas. Se dicen feministas, pero gobiernan con tijeras en la mano. 

    El feminismo no puede ser decorativo. No puede ser estrategia electoral ni excusa para golpear al adversario mientras se protege al violento cercano. El feminismo es coherencia, es valentía, es autocuestionamiento, y sobre todo, es consecuencia.

    Lo que vimos con Chicharito fue una condena útil, políticamente rentable. Pero no vimos la misma firmeza hacia los machitos del partido, los misóginos que legislan, los violentadores que gobiernan, los operadores que amenazan, los jueces que liberan, los líderes que callan.

    Mientras el poder seleccione qué machismo le molesta y cuál le conviene, el feminismo institucional seguirá siendo una simulación. Un montaje. Una herramienta más del sistema patriarcal al que dice combatir.

    El feminismo se construye con hechos, con presupuesto, con justicia, con verdad. Y con coherencia.