Jorge Viveros Pasquel
La muerte violenta de Camilo Ochoa, youTuber conocido como “El Alucín”, no es un caso aislado ni un simple episodio de nota roja, es el retrato de una sociedad que ha normalizado la violencia, que consume con voracidad el morbo digital y que convierte en celebridad a quienes coquetean con el crimen organizado.
Ochoa construyó una audiencia a partir de sus vivencias como supuesto jefe de plaza, se presentaba como alguien que ya había sobrevivido a mucho y que ahora quería advertir a los jóvenes sobre los riesgos de pertenecer al narco. Sin embargo, Él mismo contaminaba su mensaje con algunas risas mientras contaba sus “logros” que entre la crítica y la advertencia mezclaba con un glamour buchón en sus relatos. Esa ambigüedad, lo hacía atractivo para miles de followers.
El problema de fondo no es solo su triste destino, sino lo que revela de la cultura mexicana. En un país marcado por la violencia, muchos encontraban en sus transmisiones una mezcla de fascinación y advertencia, un espectáculo donde la línea entre la denuncia y la apología del crimen se volvía borrosa. Por eso la pregunta es inevitable: ¿qué tanto estamos contribuyendo a perpetuar la narcocultura al darle visibilidad y atención a estos perfiles?
Su asesinato deja una lección incómoda; hablar parcialmente del narco no es gratis, mucho menos si se hace desde la aparente libertad de las redes sociales, pues estas no protegen de las balas y la verdadera reflexión va más allá de su caso: ¿qué responsabilidad tenemos, los algoritmos y nosotros mismos como audiencia, en la creación de ídolos que terminan convertidos en mártires de su propia narrativa?
La muerte del “influencer” debería ser una alerta, no solo sobre la brutalidad de los grupos criminales, sino también sobre la peligrosa indiferencia con la que consumimos estas historias, como si fueran ficción o una realidad lejana. Porque mientras cantantes, televisoras y audiencias sigamos confundiendo entretenimiento con narcotráfico y grupos de la delincuencia y alimentemos con clics a quienes narran la violencia como espectáculo, la tragedia viral se repetirá una y otra vez.
