Jorge Viveros Pasquel
En distintas regiones, los comicios municipales han sido aprovechados por el crimen organizado como una oportunidad para extender su dominio. Ahí donde los delincuentes lograron imponer candidatos a modo, lo que sigue es un deterioro inmediato de la vida pública en donde aumentarán los cobros de piso, la extorsión y un largo etcétera, pues la autoridad local queda subordinada a intereses ilegales. Los ayuntamientos, que deben ser el primer eslabón de gobierno cercano a la ciudadanía, se convierten en una pieza más del engranaje criminal.
Los municipios que son ganados con apoyos de la delincuencia terminan convertidos en feudos donde la policía municipal responde más a los delincuentes que a los ciudadanos y las familias viven, por ejemplo, bajo la amenaza constante de extorsiones, esto causa que inevitablemente el tejido social se erosione, que las inversiones se ahuyenten y que la política local deje de ser un instrumento de desarrollo para transformarse en un negocio criminal.
Frente a esa realidad, lo ocurrido en Xalapa hace un par de meses adquiere un valor particular. En la capital veracruzana, las estructuras del crimen organizado no se lograron imponer, por el contrario, la ciudadanía respaldó a una candidata limpia (poco se ha reflexionado al respecto), pero esto representa no solo un triunfo político, sino una garantía de que la Ciudad conservará la posibilidad de construir un futuro distinto, libre de la subordinación a intereses muy muy oscuros.
El mensaje es claro; el voto es útil e importa y esto no es solo una frase vacía ni un recurso retórico, pues allí donde la población participa y defiende con decisión la integridad de sus instituciones, se abre la puerta a gobiernos que pueden responder a la comunidad y no a la delincuencia. En cambio, la apatía o el abstencionismo facilitan que estructuras delictivas compren conciencias, financien campañas y se adueñen del poder municipal.
Ahora bien, mantener a Xalapa al margen de esos intereses criminales implica también rechazar sus tentáculos económicos y también es necesario cerrarles el paso en sus intentos por instalar restaurantes, negocios fachada y redes de lavado de dinero, para evitar lo que hoy sucede en varios municipios de Sinaloa. Es por esto que la ciudadanía debe comprender, que cada voto que provenie de esas estructuras, fortalece al mismo poder que amenaza y extorsiona comercios y lucra envenenado con las drogas, entre otros tantos delitos.
