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    Elena Córdova Molina

    Legislando Contigo

    A todos nos ha pasado alguna vez: estar en una fila del banco y ver cómo alguien grita porque no quiere esperar; manejar en el tráfico y ver que otro conductor insulta, toca el claxon y hasta se baja del coche con tal de imponerse. O incluso en una reunión de trabajo, donde en lugar de escuchar argumentos, alguien levanta la voz y se cree dueño de la verdad.

    Es incómodo, da pena ajena, y sobre todo genera una sensación de que nada puede resolverse así. La violencia nunca ha sido sinónimo de razón.

    Lo mismo pasó en el Senado de la República. Y no se trata solo de un pleito entre legisladores. Lo que vimos fue un espectáculo vergonzoso: gritos, golpes, insultos y actitudes machistas, disfrazados de “debate político”. Peor aún, algunos se escudan en el fuero para justificar sus excesos, como si el poder les diera permiso de agredir.

    Pero esas actitudes no solo dañan a quienes las practican, dañan a la política misma. Porque cuando un ciudadano enciende la televisión y ve eso, lo primero que piensa es: “todos son iguales”. Y no, no todos somos iguales. Habemos quienes llegamos a los espacios de representación con la convicción de servir, de escuchar, de defender con respeto y responsabilidad.

    Por eso es importante que la ciudadanía observe, aprenda y diferencie. Porque lo que vimos en el Senado no es la manera de representar, y mucho menos de defender al pueblo. Al contrario, quienes actuaron así nos avergüenzan a todos los que creemos en la política como un instrumento de transformación y dignidad.

    México necesita líderes que den ejemplo, no que avergüencen. Y aquí quiero ser muy clara: la sanción más fuerte no la dan las leyes, la dan ustedes, los ciudadanos. Su rechazo, su desaprobación y su exigencia de respeto son la verdadera fuerza que puede poner un alto a quienes creen que ser legislador es tener licencia para ofender.

    El Senado de la República no es un ring. Si quieren pelear, que peleen, pero por los intereses del pueblo. Si no lo entienden, entonces más les valdría ir a pelear a la calle, porque en las instituciones de la Nación lo que se espera es altura de miras, no espectáculos de violencia.

    La política necesita dignidad. Y esa dignidad empieza por escuchar, dialogar y respetar. Justo lo que tanto hace falta en nuestro país. Así que lo digo con claridad: no nos metan a todos en el mismo costal.

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