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    Jorge Viveros Pasquel

    Hace unos días, el gobierno de Estados Unidos, a través del Departamento del Tesoro y la oficina de la Financial Crimes Enforcement Network (FinCEN), presentó un informe que revela la magnitud de una relación cada vez más evidente: los cárteles mexicanos han encontrado en las redes financieras clandestinas de origen chino un aliado para lavar miles de millones de dólares procedentes del narcotráfico y otras actividades ilícitas.

    El documento señala que, entre 2020 y 2024, se detectaron operaciones sospechosas que involucran al menos 312 mil millones de dólares, canalizados a través de mecanismos muy opacos. El esquema incluye conversiones de divisas entre Estados Unidos, México y China, así como la participación de ciudadanos chinos que actúan como intermediarios.

    En este contexto, cobra fuerza la sospecha sobre un fenómeno que cualquiera puede observar a simple vista en varias ciudades mexicanas: nuevos restaurantes chinos de gran tamaño que suelen estar casi siempre vacíos, instalados en plazas comerciales o locales gigantes con rentas muy elevadas, lo que aparentemente los dejaría sin viabilidad económica real.

    El lavado de dinero encuentra en estos establecimientos un terreno fértil. Las ventas declaradas, aunque ficticias, permiten justificar ingresos que en realidad provienen de la delincuencia organizada. Además, al operar en efectivo y manejar importaciones desde Asia, estos negocios ofrecen una cobertura ideal para mover capital ilícito en ambas vías (China-México y México-China) disfrazado de actividades comerciales legítimas.

    Aunque no se deba afirmar que todos los restaurantes chinos funcionen como fachadas, el patrón coincide en algunos de ellos con las descripciones hechas por el informe estadounidense: nodos visibles pero opacos de una red financiera internacional que mezcla intereses del crimen mexicano y estructuras clandestinas chinas.

    Hace unas semanas, en Orizaba, un ciudadano de origen chino fue asesinado dentro de su restaurante en circunstancias que hasta ahora permanecen poco claras. Aunque las autoridades no han establecido un móvil oficial, el hecho resuena con inquietante fuerza al analizarlo a la luz del reporte estadounidense. La hipótesis se vuelve inevitable: ¿podría tratarse de un ajuste de cuentas relacionado con el control de estas redes de lavado de dinero o intereses del crimen organizado?

    El lavado de dinero es el eslabón silencioso que mantiene en pie al crimen organizado. La droga, las armas y la violencia se sostienen porque existen canales para convertir las ganancias ilícitas en capital aparentemente limpio. El informe del gobierno de Estados Unidos destapa la magnitud de estas redes, pero las escenas cotidianas, restaurantes vacíos en locales muy costosos, nos recuerdan que, por lo menos los signos, están a la vista.