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    Mara Iliana Cruz Pastrana

    En el medio político no todos saben en qué consiste el Gatopardismo, pero sí gozan de sus beneficios; quienes lo conocen no lo aceptan y quienes lo practican son los que más lo niegan, el término «gatopardismo» asusta a los políticos pero viven abrazados de él, es una realidad que desnuda a un sistema político caduco que se niega a morir, los políticos de todos los partidos lo reaniman porque les da poder, dinero y estatus social; la hipocresía, el cinismo, el engaño, la corrupción y la manipulación son los instrumentos con los que lo alimentan.

    Pero ¿qué es el gatopardismo? El concepto que es manejado por las ciencias políticas tiene su origen en la trama de la novela El gatopardo escrita por el italiano Giuseppe Tomasi de Lampedusa entre finales de 1954 y 1957. El «gatopardismo» consiste en «cambiar todo para que nada cambie». La cita original expresa la siguiente contradicción aparente: «Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie». Desde entonces, en el mundo de las ciencias políticas se suele llamar «gatopardista» o «lampedusiano» al político que inicia una transformación política revolucionaria pero que en la práctica sólo altera la parte superficial de las estructuras de poder, conservando intencionadamente el elemento esencial de estas estructuras. El gobierno sólo cambia de manos, nada más.

    ¿Les es familiar este fenómeno verdad?, con algo tan acentuado en nuestro país, es muy difícil que las cosas se corrijan, todos los políticos hacen correas del mismo cuero, gobiernos van y gobiernos vienen y las estructuras sociales son las mismas, nada cambia. «Las tortillas no pueden cambiar de sabor o de color si se hacen con la misma masa, aunque cambien de tortillera».

    El gatopardismo en México es practicado por el gobierno en todos sus niveles, por las agrupaciones, por los partidos políticos, por las asociaciones civiles, en sí, por cualquier célula de organización social, todos reproducen un patrón a seguir que les indica el camino haciendo más de lo mismo para beneficio del grupo en el poder.

    En el año 2000, con la primera salida del PRI de Los Pinos el cambio generaba expectativas, pero quizá era aventurado afirmar que lo que se esperaba con la alternancia era una transformación casi completa de régimen y del funcionamiento del país. No fue un suceso menos, por primera vez después de 71 años, un partido distinto al Revolucionario Institucional llegaba al poder mediante unas elecciones que se consideraron libres, limpias y competitivas.

    Posteriormente en el 2006, con la continuidad del partido alternante en el poder no iban a cambiar de fondo las cosas en México por la sencilla razón de que se continuó trabajando con las mismas estructuras y con el mismo modelo económico, muchos columnistas y líderes de opinión manifestaron que estos dos gobiernos fueron una copia mal hecha de los gobiernos priistas y tuvieron razón.

    Con la llegada nuevamente del PRI al gobierno federal, ¿Creyeron que cambiarán las cosas?, es ociosa la pregunta porque vimos que no, y cuando me refiero al cambio es en positivo, hacia adelante, para bienestar de la gente, porque los cambios también se dan en reversa.

    Los cambios, cuando son de verdad cimbran estructuras, las transforman de verdad para iniciar otro camino hacia el bienestar social; otro italiano, Nicolás Maquiavelo en su libro El Príncipe, recomienda al nuevo soberano acabar con todo de raíz hasta extinguirlo, nunca fincar lo nuevo sobre lo viejo.

    Gran parte de las llamadas transformaciones, realmente terminan en lo mismo que de origen se pretendía cambiar, pero con otros jugadores, el error es que siguen siendo los mismos. Al gato solo le cambian el cascabel por uno de otro color. En el fondo todo sigue igual, no hay intención de modernizar, de mejorar, de transformar, solo existe el deseo de los actores políticos que están al frente y los privilegios que tanto critican. Lo único que ha cambiado es que regresamos a los tiempos de control político y presidencialismo absoluto de los años de oro del PRI. Al final, parece que todo cambió para que todo siga igual.

    Si en verdad en México se quiere cambiar para el bien común, el gatopardismo no es el camino, ¡basta ya de maquillaje y de engaños!