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    Mara Iliana Cruz Pastrana

    Un elemento esencial en la democracia funcional es y ha sido la separación de poderes, es un principio fundamental consagrado en el artículo 49 de nuestra Carta Magna que se basa en tres ramas distintas e independientes: el poder ejecutivo, el poder legislativo y el poder judicial. Un principio desarrollado por filósofos políticos como John Locke y Montesquieu que se ha implementado en muchos países alrededor del mundo como una forma de evitar la corrupción y el abuso del poder.

    El poder ejecutivo representado por la presidencia de la república a nivel federal y las y los gobernadores a nivel local, quienes gobiernan conforme a lo que establece la legislación y designa a los secretarios y secretarias de estado y apoyan en la administración de los recursos públicos y de llevar a cabo políticas de Estado.

    El poder legislativo es el encargado de crear las leyes, compuesto por el Congreso de la Unión y los Congresos Estatales, donde los representantes del pueblo discuten y aprueban las leyes que norman a la sociedad.

    Y el muy de moda poder judicial que es el encargado de interpretar y aplicar las leyes, de administrar justicia, de garantizar el cumplimiento de la Constitución y las leyes y proteger los derechos fundamentales de la ciudadanía y es independiente de los otros poderes.

    El sistema democrático es como un juego de futbol, donde el árbitro es autónomo, controla las reglas y sanciona a los jugadores e incluso puede anular un gol si no es válido. Cuando hay poderes separados, que cumplen sus roles y hay equilibrio, se garantiza que el juego se desarrolle con las reglas acordadas y que todos las respeten. Si un grupo controla el partido y a los árbitros, el otro equipo se queda sin defensa y sin quien vele por sus intereses; algo similar ocurre en el juego de la democracia.

    La división de poderes permite un balance en el poder, es esencial para la democracia porque evita la concentración del poder en un solo grupo e incluso en una sola persona. Al dividirse el poder en diferentes instituciones, se establecen controles y contrapesos que limitan el mal ejercicio del poder y se garantizan la protección de los derechos y libertades individuales.

    Además de la división de poderes, la democracia en nuestro país se apoya en el federalismo que permite que los Estados tomen sus propias decisiones y los organismos autónomos que son pieza clave para regular al país sin depender de ninguno de los tres poderes.

    En recientes reformas desaparecieron siete organismos, entre ellos el Instituto Nacional de Transparencia y la Comisión Federal de Competencia Económica. Con acciones radicales el país se ve en una crisis de autonomía.

    La separación de poderes es un pilar fundamental de la democracia y su debilitamiento representa un riesgo para la estabilidad del país. La división de poderes evita la prevención de abusos, garantiza la protección de los derechos y establece un sistema de controles y promueve la transparencia y la rendición de cuentas. Con la división de poderes cada rama del gobierno es responsable de sus acciones.

    Cuando los contrapesos desaparecen, el poder se concentra en pocas manos y el país corre el riesgo de caer en un régimen autoritario. Cuando se afecta la división de poderes hay consecuencias, se debilitan los derechos y libertades; si jueces y legisladores no actúan con independencia se vulneran las leyes; se deterioran los servicios públicos porque no se fiscaliza adecuadamente el gasto público lo que puede llevar a una mala administración y afecta servicios básicos como la educación, la saludo y la seguridad.

    Es necesario que la ciudadanía exijamos que cada poder cumpla con sus funciones y respete la autonomía de las instituciones, solo así se puede garantizar un verdadero equilibrio y evitamos que el país retroceda en materia democrática. Seamos ciudadanas y ciudadanos activos y vigilantes.