Elena Córdova
Legislando contigo
En Veracruz, hablar del café nunca será un tema menor. Nuestro estado es tierra cafetalera por excelencia: detrás de cada grano hay esfuerzo, herencia cultural y trabajo comunitario que ha sostenido a generaciones enteras.
Por eso duele ver la distancia entre la vida real de los cafetaleros y las ideas que desde el Congreso —y desde el gobierno— pretenden vendernos como “soluciones”.
Hace unos días, la Presidencia de la Comisión de Cafeticultura anunció que, para conmemorar el Día Internacional del Café, planeaba montar escenografías llamativas: un velorio donde se sirve café, familias alrededor de la mesa, astronautas en el espacio con una taza en la mano, jóvenes desvelados estudiando.
Sí, quizá sean imágenes pintorescas, simpáticas para una foto en redes, pero ¿qué tienen que ver con los problemas reales de quienes producen café en Veracruz? ¿En qué ayuda un astronauta con café a combatir el coyotaje? ¿De qué sirve una escenografía de velorio para enfrentar la crisis de precios o la falta de apoyos?
La realidad es clara:
– Los productores siguen vendiendo a precios injustos, sujetos a intermediarios que se quedan con la ganancia.
– No hay regulación eficaz en la producción y comercialización.
– El coyotaje sigue siendo un abuso tolerado.
– El cambio climático golpea con plagas, sequías y lluvias extremas.
– Y los programas gubernamentales siguen atorados en trámites en lugar de abrir mercados y facilitar certificaciones.
Todo esto se sabe. Está escrito en diagnósticos desde hace años. Lo que falta es voluntad política.
Morena tiene mayoría para legislar y también gobierna Veracruz, pero sus prioridades están lejos del campo y de las familias que lo sostienen. Y eso es lo más doloroso: no solo legislan sin atender lo urgente, también gobiernan con ocurrencias.
El café no necesita shows ni escenarios “creativos” para un día internacional. Necesita seriedad, respeto y soluciones. Necesita políticas públicas que combinen lo productivo, lo social y lo ambiental. Necesita un plan de rescate que impulse organización, certifique calidad, industrialice y abra mercados internacionales.
Mientras tanto, miles de familias siguen atrapadas en un ciclo de pobreza, vendiendo barato lo que en el mundo se paga caro. Y Veracruz, que podría presumir su café en los más altos estándares globales, queda rezagado.
El café es más que una bebida para despertar. Es identidad, historia, cultura y sustento. Merece respeto. Y los cafetaleros merecen algo más que un astronauta con taza en la mano.
