Jorge Vázquez Sangabriel
El Centro Cultural Martín Andrade Arcos, coordinado con entusiasmo por Aline García Díaz, directora del Centro Cultural, celebra por cuarta ocasión en Misantla, Veracruz, México, el legado que construyó basado en las tradiciones regionales el profesor Martín Andrade Arcos, en el que destaca el Ballet Folklórico Nimbe, que dirige actualmente el profesor Víctor Isaí García Díaz.
Con este festival se intenta resarcir una deuda moral y cultural para que permanezca en la memoria y sea fortaleza de tradición como lo ha sido desde su fundación para Misantla. Para esto se llevará a cabo el evento: Memorias Huapangueras “El legado prevalece”, 4° Festival Martín Andrade Arcos.
El montaje de este escenario tendrá lugar el día domingo 12 de octubre, en la Plaza de la Concordia, frente a la Casa de Cultura, dando inicio a las 5:30 p.m., programa dedicado a las cuatro huastecas: veracruzana, potosina, hidalguense y tamaulipeca, con la participación de destacados grupos y con la actuación especial del Trío Temple Huasteco.
Esta coyuntura que se impone y obliga a recordar la obra de Martín Andrade, en destacada permanencia, va resistiendo las vicisitudes del tiempo y la incapacidad de entendimiento de las autoridades locales de preservar un legado de relevante importancia. Siendo así, este acto es una efeméride inaplazable para homenajear al profesor Martín, homenajearse a sí mismos los pobladores y a Misantla, sobre todo, para demostrar que la negación cultural de las autoridades locales es superada por la fuerza de la permanencia de un legado que dio a Misantla y a los misantecos presencia nacional e internacional con el Ballet Nimbe.
Todo lo que empieza con atrevido y osado énfasis, se anuda en el ser humano en pensamientos y acciones que se entrelazan rítmicamente, de modo que provocan la fuerza que con voluntad y mano firme se va constituyendo con gran importancia espiritual el deseo de permanencia, conduciendo a los hombres a ser y hacer algo en la vida que se vaya extendiendo en las dimensiones del tiempo, en ocasiones con dificultad pero sin balbuceos, en un preludio de lo que será y es la mirada ardiente de un espíritu con sentido de lazos intelectuales, que van formando en un visionario, embriagado por la lógica profundidad de alcanzar un objetivo con claridad de inspiración.
A la luz de su nacimiento en un lugar llamado Pompeya, en el municipio de Atzalan, Veracruz, México, el 30 de enero de 1950, emergió a la vida Martín Andrade Arcos. En su infancia, la caprichosa estrella del destino le condujo a Misantla, Veracruz, lugar de exuberante vegetación enclavado entre la Sierra Madre Oriental y el Golfo de México, rodeado de numerosos cauces de agua dulce, que como escribió Don Manuel Zorrilla Rivera en su poema Pórtico:
“Asoma por el oriente sus dedos rosas la aurora, palidece el rojo Antares y guarda Arturo las Osas.
Apaga el cielo sus luces, intemporales antorchas, y el andariego Santiago su polvo de estrellas borra.
Y al levantar San Miguel su rodela luminosa, Lucifer corre a ocultarse tras la montaña remota…
Rasga los aires tenaz la chachalaca burlona, y de la barranca sube el sollozar de la tórtola.
Alerta grita el papán y el faisán se remonta, despertándose el terral con su millón de cotorras…”
Así, en amaneceres hermosos y atardeceres que rasgan el infinito en bellos trazos rojos de intensos matices, donde la lluvia espontánea se precipita a la tierra mitigando el intenso y agradable calor, se refleja en el ecosistema la interacción que nutre la vasta vegetación con el intenso olor del petricor, olor que emana de la tierra mojada, que fluye de las venas de los dioses del Totonacapan, impregnando la biología de los seres que ahí habitan.
Esto formó a Martín Andrade, con fuerza majestuosa en íntima simbiosis con la naturaleza, provisto de una fina sensibilidad creativa y con esperanza sublime encontró la forma de su existencia: el arte.
Maestro, artista, bailarín, escenógrafo, incansable promotor de la cultura; las raíces que le habitaron fueron otorgando sentido a su vida. La motivación fue en él la esencia del arte dancístico: la sublime belleza del movimiento, la flexibilidad y las expresiones del lenguaje corporal muestran la disciplina, constancia, entrega, pasión y valores estéticos del talento que, de forma instintiva, se apropia del consciente humano otorgando energía y libertad de movimiento, convirtiendo al danzante en un espectáculo imprescindible del elemento creador.
La historia espiritual de Martín Andrade Arcos fue y es espejo de su naturaleza de innumerables e infinitas formas. No se sujetó a las limitaciones y ha pasado por encima de todo reto; tan pronto como comenzó a brillar su creación, colocó a Misantla en el escenario de la danza internacional, cristalizándose en contiguas capas creadoras del arte la inmensa presencia inmanente del Ballet Nimbe, fusionado en un solo elemento: la danza.
El Ballet Nimbe, desde su fundación, ha realizado giras en más de 80 países y muchas más en el interior de México, provocando ovaciones en sus presentaciones, lo cual se ha venido a menos por la falta de apoyos oficiales encargados de incentivar la cultura. Sin embargo, el esfuerzo del Centro Cultural y del Ballet Folklórico Nimbe mantienen vigente el espectáculo que los jóvenes bailarines impulsan desde un rincón del Totonacapan llamado Misantla.
