Vicente Luna Hernández
Entre los que el pasado mes de marzo del año en curso estaban distraídos al paso de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y los maleantes, hampones, ladrones, rateros y alborotadores sociales que irrumpieron en la marcha del 2 de Octubre en la Ciudad de México, hubo una gran diferencia: de los segundos ninguno fue aprehendido y de los primeros… todos fueron reprendidos. Hay detalles que no se olvidan.
Durante su mensaje para cerrar con broche de oro su gira nacional por su primer informe de gobierno, la Presidenta mencionó frases que, más que dirigidas a la “derecha, neoliberales, conservadores y enemigos del pueblo”, seguramente para el pueblo de México fácilmente le quedarían a integrantes de su propio partido y aliados. Si bien “la ropa sucia se lava en casa”, también es una realidad que es un secreto a voces —que se oye en todo el territorio nacional— las diferencias y golpes bajo la mesa, arriba y a los lados, que se están presentando al interior del partido en el poder.
¿Qué de raro tiene? A diferencia de ayer, hoy la Titular del Poder Ejecutivo Federal tiene que lidiar con una sombra que acecha a través de sus incondicionales, que olvidan que la lealtad, cuando se es gobierno, no es personal sino institucional, y es ahí donde hay un punto débil en Palacio Nacional.
Entre el 2 de octubre y el evento de ayer en el Zócalo de la Ciudad de México hay una diferencia y una coincidencia: ambos eventos fueron para conmemorar dos fechas históricas que el pueblo de México no debe olvidar. La primera, el uso de la fuerza del Estado en su máxima expresión para reprimir una manifestación en contra del gobierno; la segunda, la llegada de una mujer a la Presidencia de la República por primera vez en la historia del país, misma que llegó con toda la fuerza del Estado.
En el Zócalo todo fue alegría, orden y demostración de poder; en la marcha hubo tristeza, desorden y ausencia de gobierno. ¿Cómo puede haber tantas diferencias si es el mismo partido que gobierna y fue en la misma ciudad?
Ironías de la vida institucional del país, donde ayer se gritó a los cuatro vientos: “Aquí hay gobierno a favor del pueblo”, y en la marcha del 2 de octubre se gritó: “Sálvese quien pueda, que no hay gobierno”. Violencia, saqueos, ultrajes a la autoridad e incluso tentativas de homicidio de integrantes del famoso “Bloque Negro” que se pasean de manera impune por la Ciudad de México.
¿Quién tiene el control de esos grupos de choque y de maleantes? ¿Quién tiene el poder político y económico para organizar, manipular y controlar a ese grupo de vándalos? ¿Acaso es la oposición partidista, empresarial o los “enemigos de la 4T” los responsables del caos del pasado 2 de octubre?
Algunos analistas dirán que no tiene relación un evento con otro, pero soy de la idea de que ambos eventos tienen una relación: la lucha por el poder al interior de Morena. En ambos casos se movieron intereses económicos y políticos para desestabilizar y estabilizar a quien despacha en Palacio Nacional. No se trata de reprimir, sino de aplicar la fuerza para mantener el Estado de Derecho en el primer evento; no se trata de autoritarismo, sino de demostrar que quien porta la banda presidencial es quien ejerce el poder en el segundo evento.
El mensaje hacia el interior de Morena y al pueblo de México debe ser contundente: “Es necesaria la aprehensión de los responsables del caos social y reprender a los responsables del caos legislativo y político al interior de Morena”.
Más allá de las palabras de la Presidenta, ¿qué quiere el pueblo de México? El pueblo anhela que realmente exista un Estado de Derecho en el país y que la clase gobernante sea la primera en ser sujeta a él. Seguramente, si se le hubiera preguntado al pueblo reunido en el Zócalo: “¿Levanten la mano si están de acuerdo en que sean castigados todos aquellos que han mentido, robado y traicionado al pueblo, aunque sean de Morena y aliados?”, todos los asistentes —incluso los señalados por corrupción—, de manera hipócrita, seguirían con la mano alzada.
México merece paz, y esta se construye todos los días. La Presidenta señala que a las seis de la mañana ya está reunida con su Gabinete de Seguridad; sin embargo, hechos como los del pasado 2 de octubre reflejan lo que lamentablemente ocurre en distintas regiones del país: ausencia de autoridad, vulneración de los derechos humanos y complicidad entre autoridades y delincuentes que dañan la convivencia social.
Insisto, ¿en serio el gobierno federal y de la ciudad no saben quién controla estos grupos de choque, o son ellos mismos los que les tocan el ritmo al que tienen que bailar?
La realidad es que del caos no hay aprehendidos, pero sí policías heridos; y de la demostración de fuerza de la Presidenta, tampoco hay aprehendidos, pero sí “heridos” —políticamente hablando— y reprendidos públicamente.
¿Pronto se pasará de las palabras a los hechos, en ambos casos, para que no se repitan tales actos?
P.D. Con el ánimo de que el proyecto estratégico de agua potable y saneamiento La Cangrejera-Coatzacoalcos y el Programa Integral de Bacheo y Repavimentación de las Carreteras Federales, con la participación de los estados y municipios anunciados por la Presidenta, sean una realidad en beneficio de Veracruz… Escribiré otro día.
