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Maribel Ramírez Topete
En millones de hogares mexicanos hay un ladrido, un maullido o un par de ojos que nos esperan con amor incondicional. Nuestras mascotas se han vuelto parte de la familia: nos acompañan, nos consuelan y, muchas veces, son el motor emocional de nuestros días. Sin embargo, cuidarlas se ha vuelto caro. Cada visita al veterinario, cada saco de croquetas o cada medicamento pesa en la economía familiar.
Por eso, la iniciativa presentada por la senadora Kenia López Rabadán, que propone eliminar el IVA a los alimentos y medicinas para mascotas, así como permitir que los gastos veterinarios sean deducibles de impuestos, llega en el momento justo. Se trata de una propuesta con sentido humano y social, que plantea estímulos fiscales para apoyar a las familias mexicanas y fomentar la tenencia responsable.
Tener una mascota implica responsabilidad: vacunas, desparasitación, esterilización, atención médica, alimentación. Todo suma. Y en un país donde muchas familias apenas ajustan para lo básico, cuidar a un animal puede convertirse en una carga que, tristemente, lleva a decisiones dolorosas, como el abandono.
La inflación también ha golpeado este sector. En los últimos años, los precios de los alimentos para mascotas han aumentado por encima del promedio general. Aun así, millones de hogares hacen un esfuerzo por no escatimar en su cuidado. Pero la realidad económica no siempre lo permite.
Ahí es donde los estímulos fiscales pueden marcar la diferencia. Exentar de impuestos los productos y servicios veterinarios sería una forma directa de aliviar el bolsillo de las familias, de reconocer el valor emocional y social del vínculo humano-animal, y de reducir el abandono y el maltrato.
Como sociedad, hemos avanzado mucho en cómo entendemos a los animales. Ya no los vemos solo como “mascotas”, sino como seres que sienten, que sufren y que merecen bienestar. En varios países como España, Portugal, Argentina, Chile, ya existen políticas similares: deducciones fiscales o apoyos directos para quienes adoptan y cuidan responsablemente.
México no puede quedarse atrás. Somos un país que presume su amor por los animales, pero que todavía los deja desprotegidos en muchos aspectos. Reduciendo los impuestos: tratamos de reconocer que el cuidado animal forma parte del bienestar colectivo y de una economía empática.
Construyamos comunidad y apoyemos esta iniciativa por empatía y corresponsabilidad social. Porque quien es capaz de cuidar con amor a un ser que depende de él.
Es hora de que el Estado y la ciudadanía caminen del mismo lado: quienes legislan, impulsando estímulos fiscales justos y con propósito, y quienes convivimos con mascotas, asumiendo nuestra parte de responsabilidad.
Cuidar a nuestras mascotas no debería ser un lujo.
Debería ser parte de un país que entiende que el bienestar empieza en casa y a veces, justo ahí, junto a nosotros, con una cola moviéndose o un ronroneo que nos recuerda lo esencial: que el amor también se demuestra cuidando.
