Uriel Flores Aguayo
Las inundaciones en el norte de Veracruz, particularmente en Poza Rica y Álamo, han sido devastadoras y han traído múltiples daños con efectos sociales, politicos y economicos . Significan una prueba mayor a los gobiernos y la sociedad; sacan lo mejor y las deficiencias de nosotros. Si algo hay que destacar en su importancia y alcances es la movilización solidaria de la ciudadanía: conmovida, activa e incondicional.
Después de una incierta reacción tanto la Presidenta Claudia, como la Gobernadora Nahle, se han puesto al frente de los trabajos de apoyo con suficiente altura y presencia. En la opinión pública se vuelve incurrir en el error de las observaciones y criticas prematuras; son necesarias las alertas y llamados puntuales por supuesto, pero priorizando los apoyos inmediatos y directos. La parte indecorosa de siempre radica en la aparición protagónica de actores políticos, son sinvergüenzas. También es ocioso movilizar a burócratas que no tienen experiencia y estorban. En lo que se estabiliza la vida de esos pueblos y ciudades con la debida reconstrucción y vuelta a la vida normal, habrá que pensar en una posterior comisión legislativa que investigue la oportunidad de previsión y respuesta institucional a esta tragedia para deslindar responsabilidades y hacer las propuestas prudentes de mejoras a fondo de las capacidades gubernamentales a la hora de hacer frente a este tipo de fenómenos naturales. Dicho de paso: hay que reconocer el trabajo de la mayoría de integrantes del gabinete estatal. No así de los alcaldes ausentes e ineptos en su mayoría.
