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Agustín Basilio de la Vega
La última noticia por parte del Departamento de Transporte de EE.UU. sobre la cancelación de 13 rutas de aerolíneas mexicanas desde los aeropuertos Felipe Ángeles (AIFA) y Benito Juárezobedece a que, en el año 2023, el presidente López Obrador decretó trasladar de manera temporal los vuelos de carga a la base aérea de Santa Lucía, hoy remodelada y llamada Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles.

Después de varios años de reclamos por la violación del Gobierno Mexicano a un acuerdo de transporte aéreo firmado en 2015 dentro del marco del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el secretario del Departamento de Transporte de Estados Unidos, Sean Duffy, anunció la cancelación de estos vuelos.
Esta noticia volvió a poner en evidencia que la cancelación de la construcción del NAIM (Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en Texcoco) fue el primero y uno de los peores errores del presidente López Obrador, pues esa obra tenía un avance estimado del 30 %, contaba con todos los estudios técnicos y el proyecto ejecutivo estaba enfocado para resolver por varias décadas la saturación del Aeropuerto Benito Juárez.
Tuve la oportunidad de visitar dos veces dicha obra en el año 2018 con alumnos de Ingeniería Civil, así como con el Colegio de Ingenieros Civiles CNA, y comprobé personalmente que el proyecto del arquitecto Norman Foster estaba avalado técnicamente por organismos internacionales que regulan la seguridad y el tráfico aéreo, así como por investigadores y expertos de la UNAM y del Politécnico Nacional en materia de ingeniería mecánica de suelos e hidráulica, entre muchas otras especialidades.
En primer lugar, el NAIM estaba concebido como un hub aeroportuario (nudo o centro), es decir, una infraestructura capaz de concentrar todos los servicios para que las aerolíneas lo utilicen como centro de operaciones y conecten vuelos, dirigiendo pasajeros y cargas a otros destinos, formando una red de conectividad eficiente. Eso no ofrece el AIFA, pues ni los Uber llegan.
Según AMLO, se canceló por costoso, por corrupción y porque se proyectó en un lago. Pese a que sus principales colaboradores, como Carlos Urzúa, le aconsejaron terminar la obra del NAIM, el presidente montó una campaña en su contra y, después de una simulación de consulta, tomó la fatídica decisión de cancelarla.
El costo de cancelar el NAIM fue superior a los 360 mil millones de pesos, y sigue variando al alza si se toman en cuenta los costos de oportunidad y las enormes pérdidas del sector por falta de crecimiento sostenible. Hoy los mexicanos seguimos pagando en la TUA del Aeropuerto Benito Juárez los bonos que fueron colocados en Nueva York para el financiamiento de ese hub.
De la supuesta corrupción en su construcción no se ha hablado más. En los hechos, los constructores del NAIM fueron finiquitados y se les pagaron hasta los gastos no recuperables. No hay ningún funcionario público o empresario acusado formalmente de malos manejos. Las constructoras involucradas fueron luego contratadas por el Gobierno Federal a través del Ejército Mexicano para construir el Tren Maya, entre otros elefantes blancos.
Respecto a que el mantenimiento del NAIM sería muy costoso por construirse en un terreno lacustre, basta decir que los expertos de la UNAM y del Politécnico resolvieron mediante estudios toda la cimentación de las diferentes estructuras, unas con pilotes profundos y otras mediante la precarga del suelo. La Ciudad de México fue fundada en dicho lago, y la experiencia de la ingeniería mexicana tiene fama mundial: compite con obras como el aeropuerto de Osaka, Japón, construido sobre el mar, y con las infraestructuras de Holanda, ubicadas en suelos de mayor inestabilidad.
En resumen, el AIFA costó más caro, no resuelve la saturación del Aeropuerto Benito Juárez, y el capricho de cancelar un gran proyecto de clase mundial nos está costando a todos seguridad, dinero, confort y prosperidad.
X @basiliodelavega
