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Manolo Victorio
Carpe Diem
¿Qué está pasando en nuestro México?
Déjeme explicarle en términos de la narrativa y sobre el dominio del discurso de Fernando Savater.
Históricamente, quien ha impuesto su discurso en el dominio de la humanidad ha pervivido y ha dominado en la historia de la civilización.
Ahí están Gengis Kan, Alejandro Magno, Napoleón, los Césares romanos, todos forman parte de este linaje que ha impuesto su discurso.

Al filósofo español se le atribuye frecuentemente el concepto de «quien impone su relato, impone su realidad».
Esta idea central aparece en varios de sus textos y conferencias, donde reflexiona sobre el poder del lenguaje, la narrativa y la creación de la historia. El concepto subyacente es que la historia no es un registro puramente objetivo, sino que está moldeada por las narrativas dominantes. Aquellos con el poder de contar la historia y hacer que su versión sea aceptada por la mayoría, son, en efecto, quienes definen la «verdad» histórica y la realidad percibida por las generaciones futuras.
Savater explora —sintetiza la Inteligencia Artificial— cómo los relatos, ficciones y metáforas filosóficas han moldeado el pensamiento occidental, sugiriendo que la historia es una construcción narrativa tanto como un conjunto de hechos brutos.
La violencia provocada por la delincuencia organizada en México está imponiendo su discurso en la realidad cotidiana, arrinconando, acojonando al gobierno federal. Los cárteles están acorralando al gobierno hacia la parcela de la reacción.
La última escaldada violenta que se vive con el asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, Michoacán, ejecutado desde un descarado sicariato, encajona al Gobierno Federal en las cuerdas de la reacción defensiva, sin mayor opción que alzar los guantes para cubrirse de la andanada de jabs que se orquestan desde las zonas oscuras de las redes sociales que manipulan la opinión pública, orillando a la gente ordinaria a montarse en una ola de desacreditación política sin conocer a fondo cómo están las cosas en este país.
El Gobierno de Claudia Sheinbaum es hoy reactivo, más que propositivo.
La violencia sume al gobierno en una crisis existencial.
Los cárteles han metido al gobierno en una crisis de gobernanza.
Los estudiantes de primer semestre de Ciencias Políticas saben que una crisis es una pérdida de poder.
Hay que subsanar esa crisis con propuestas.
Hay que corregir el rumbo.
Irse por culpar a un pasado que tiene ya por lo menos 15 años enterrado en la historia —como fue la guerra desatada por Felipe Calderón contra las organizaciones criminales—, donde según la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ha utilizado frases en diversas ocasiones que implican que la «guerra contra el narcotráfico» iniciada por el expresidente panista otorgó una especie de «licencia para matar», suena ya a una estrategia estéril, anacrónica, desgastada, inútil.
Felipe Calderón Hinojosa no es más el arquetipo del adversario odiado, constructor de infiernos, artesano de la caja de Pandora de cuyo interior brotó la pudrición que nos ahoga como país.
Es hora de diseñar otros enemigos externos o de hacer frente a la realidad que vivimos como país, antes de que los hijos pródigos del morenismo sean convertidos por el propio pueblo en los monstruos de corrupción que antes solo pululaban en el conservadurismo, el panismo o el priismo.
En ese escalón está el Gobierno Federal.
El axioma no mentir, no robar, no traicionar al pueblo es ya un espejismo borroso que se ha desvanecido en la mente colectiva como bandera de salvación ante la hornada escandalosa de políticos de nuevo cuño que han hecho añicos esta trilogía de renovación moral.
Todo fue una quimera.
Nos volvieron a engañar.
Y en este naufragio inminente, hay que hacer algo, no para salvar al país, sino para salvar el proyecto político que permita seguir sometiendo a la nación.
La gente quiere soluciones.
Las últimas expresiones de enojo social emanadas de la Tierra Caliente michoacana pretenden ser extrapoladas artificialmente al territorio nacional.
Habrá que citar que las masas no convocan a las grandes movilizaciones.
Son expresiones de coraje espontáneo, obedecen a la ira que explota en una manifestación, una toma de palacio como lo sucedido en Uruapan, Michoacán, en la quema de autobuses, vehículos y equipamiento urbano.
No pasa de esta manifestación inmediata, de este corto arrebato colectivo.
La masa amorfa no tiene el carácter de conducir un movimiento.
Un país, un estado, cambia de gobierno solo por dos formas, de acuerdo con la teoría política:
1. Por la ruta institucionalizada, traducida en el riel de la democracia: el proceso electoral. En los Estados Unidos Mexicanos, el gobierno cambia por la vía electoral. Después de los 80 años del PRI vino la docena trágica panista con Vicente Fox y Felipe Calderón, y luego llegó AMLO con la bandera de la Cuarta Transformación.
2. El imperio de la violencia: cambiar el estado de las cosas con el poder de las armas.
La masa, el pueblo, es la base de la pirámide, carece de ejes rectores, es cardumen humano que se mueve por impulsos o emociones, dirigidas desde una cúpula.
En la punta de la pirámide están las élites.
Así sea un gobierno neoliberalista, la derecha conservadora o el nuevo humanismo mexicano, que reparte prebendas que representan 2 billones de pesos al año en mantenimiento utilitario del voto a favor del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), siempre habrá un reducido número de guías instalados en la cúpula para manejar los movimientos sociales.
Sea como sea, el gobierno siempre tendrá cúpulas.
Y las cúpulas siempre manipularán a las masas.
Las arengas de ¡Viva México! exclamadas por jóvenes de la Generación Z solo son expresiones de propaganda diseminadas en redes sociales, donde se pretende ahora hacer una revolución que implique la inmolación de bots en vez de soldados.
Veremos qué pasa en los días por transcurrir.
…Del mismo costal.
Mientras el país se desdibuja por el coraje social, en el debate senatorial la clase política sacó a relucir sus miserias discursivas.
En el debate, la panista Lilly Téllez exigió al morenista Gerardo Fernández Noroña que “llorara de verdad” por el crimen del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, asesinado en el Día de Muertos.
“Llora por Carlos Manzo, Noroña, no seas imbécil… Tú, idiota, llorando por allá (en la franja de Gaza), haciendo circo mientras a los mexicanos los masacran”, gritó Téllez desde su escaño, megáfono en mano.
En respuesta, Fernández Noroña subió a tribuna para expresar sus condolencias a la familia del edil y acusó a la oposición de “carroñera” por utilizar el crimen con fines políticos. “¡Carroñeros!”, lanzó el morenista, mientras el intercambio de acusaciones subía de tono en la sesión.
Ahí el nivel del Legislativo en este país.
La desesperanza priva.
