Destacado

    Uriel Flores Aguayo 

    La Opinión no pedida

    Asistí a la comparecencia del Secretario de Gobierno, con la que inició la glosa del primer informe de la Gobernadora Nahle. Me parecía una buena oportunidad para ver directamente un acto concreto de rendición de cuentas y el comportamiento de los diputados. La duración del acto, dos horas, ilustra su alcance. Destaco en positivo su sencillez y la digna ausencia de acarreados, sin la parafernalia del pasado. Su brevedad habla del desinterés legislativo en general: una oposición disminuida o ausente y un oficialismo a la antigua.

    Estrenaron formato. Fueron dos rondas de preguntas con respuestas de veinte minutos a cada una. La primera abarcó a los seis  representantes de grupo o partido, sin que hubiera algo relevante; en la segunda únicamente participaron dos de seis diputados. Me llamó la atención que tanto el PRI como el PAN dejaran vacía una de dos participaciones. Creo que el formato nuevo puede funcionar si el compareciente cuenta con más tiempo para respuesta. La saturación de preguntas hace estéril su formulación, no hay forma de que se les dé contestacion. En ese contexto sería mejor que los diputados hicieran un planteamiento político de corte general, hay mucho que decir. No me gustó la manera en que se expresaron los diputados de la mayoría, aún entendiendo su adscripción a la fuerza gobernante podrían ser sutiles y elevar un poco su papel, que no parezcan empleados del ejecutivo,olvidando su carácter de representantes populares. Sin amplia difusión y sin diálogo serio entre legisladores y los funcionarios las comparecencias son perfectamente prescindibles. Del formato, como lo reiteraron los diputados, el Secretario no tiene responsabilidad. Llegué con altas expectativas por ser la primera y por el nivel del compareciente; salí desalentado. Pensé que asistía a una gran actividad politica donde se pondría a examen la coyuntura veracruzana,a su Gobierno. Poco, muy poco hubo de eso , y mas por iniciativa y aportacion del Secretario. Reconozco el lenguaje claro y directo del Secretario Ahued, es mil veces preferible a los protagonismos y demagogia que se apoderaba de ese momento. Incluso en el sexenio pasado, el de la frivolidad, hubo casos de folclor y excesos. Concluyo: debería hacerse un esfuerzo mayor en general para que las comparecencias sean útiles en sentido democrático, difusión y formato, y que los diputados se preparen lo suficiente, incluyendo más decoro de los mayoritarios.