Maribel Ramírez Topete
Cada 25 de noviembre hablamos de la violencia contra las mujeres. Pero hoy necesitamos reconocer algo que muchas veces pasa de largo: la violencia ya no solo ocurre en la calle o en la casa… también está llegando directo al celular.
La violencia digital está creciendo tan rápido que ya forma parte del día a día de miles de mujeres. Y no, no es exageración:
Casi 4 de cada 10 mujeres han sido atacadas en línea. La mayoría hemos visto cómo insultan, acosan o humillan a otra mujer en redes.Y más del 90 % de los “deepfakes”(imágenes o videos falsos hechos con IA)afectan a mujeres y niñas, casi siempre con fines sexuales o para dañar su reputación.
Esto no es un chisme de redes.
Es una violencia que duele, que asusta y que impacta vidas reales.
Esta violencia se ve en la vida cotidiana, cuando a una joven le editan una foto para humillarla en la escuela.
Se ve cuando a una mujer que alza la voz en política la llenan de insultos, desacreditación o inclusive amenazas.
Se ve cuando una mamá recibe ataques solo por opinar sobre un tema público.
Se ve cuando una ex pareja difunde fotos íntimas sin permiso.
Se ve cuando alguien controla tus redes, revisa tus mensajes o usa la tecnología para intimidarte.
Y todo eso sucede sin que la persona agresora tenga que salir de su casa.
Por eso, decir que “solo pasa en internet” es falso.
La violencia digital tiene consecuencias reales: mujeres que dejan sus trabajos, cierran sus perfiles, abandonan espacios públicos, viven con miedo o cargan culpas que no les corresponden.
En estos #16DíasDeActivismo, el mensaje es claro:
la tecnología debe garantizar derechos, no violarlos.
Necesitamos plataformas responsables, reglas claras y verdadera rendición de cuentas.
Si la violencia evoluciona, nuestras leyes y nuestra respuesta también deben evolucionar.
Este 25N digámoslo fuerte:
la violencia digital es violencia, y no vamos a normalizarla.
No importa si llega por mensaje, comentario, foto o video.
Ninguna política, ninguna ley y ninguna medida será suficiente si no generamos conciencia.
Hablar del tema, reconocerlo, nombrarlo y entenderlo es el primer paso para cambiarlo.
La violencia digital existe, crece y duele… y solo haciéndola visible podremos frenarla.
