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    Agustín Torres Delgado
    Pa’ Vivir A Gusto

    Esta época navideña es un buen momento para reflexionar sobre hacer una pausa, sobre el derecho a detenernos y descansar.

    En estos tiempos es fácil confundir productividad con agotamiento. Le damos un aplauso a quien no se detiene, a quien responde y manda correos a medianoche, y habla de jornadas laborales interminables como si fueran medallas. Contextualizado así, hablar de vacaciones parecería un acto rebelde. Sin embargo, el descanso no es un lujo ni una concesión graciosa de quien nos emplea: es una necesidad humana y un derecho social que impacta en la salud del individuo, física y mental, y también en el bienestar colectivo.

    Es crucial y tiene un efecto directo y comprobable en la salud mental: reduce el estrés, la ansiedad y el burnout (estado de agotamiento físico, emocional y mental prolongado, causado por estrés crónico en el trabajo). Cuando descansamos, no solo nos sentimos mejor: pensamos mejor. Aunque parece paradójico, descansar nos hace más productivos, más empáticos y menos propensos al desgaste emocional.

    También fortalece el tejido social. Una sociedad descansada es una sociedad menos irritable, más sana y con mejores relaciones comunitarias. El tiempo libre permite convivir en familia, reencontrarse con amigos, participar en actividades culturales, y conectar con tareas lúdicas que den sentido a la vida, más allá del trabajo. En nuestro país, millones de personas viven bajo presión social y económica constante; garantizar días de reposo es una forma concreta de justicia social.

    En Movimiento Ciudadano impulsamos y aprobamos las Vacaciones Dignas; pusimos sobre la mesa una realidad incómoda para muchos: el país estaba rezagado en días de vacaciones frente a estándares internacionales. El debate no fue menor: cuestionamos esa cultura laboral que normalizaba el cansancio extremo. El Estado está obligado a proteger en las leyes el derecho de las personas trabajadoras al sosiego.

    Hoy seguimos alzando la voz por una jornada laboral de 40 horas y dos días de descanso, ¡ahora!, no en el 2030 como propone Morena.

    Uno más de los impactos positivos de las vacaciones es en el rubro económico, en el sector turístico particularmente. Hay destinos locales que sobreviven gracias al turismo nacional; se fortalecen las economías regionales y se generan empleos en hoteles, restaurantes, transporte y servicios culturales. Tener turismo interno no solo mueve dinero: promueve el conocimiento del país. Vacacionar, en ese sentido, también es una forma de invertir.

    Defender el derecho a una pausa, a detenerse en sus actividades laborales, es, en el fondo, defender una visión más humana del desarrollo integral de una persona. No se trata de promover la flojera ni de restarle valor al esfuerzo de muchas mujeres y hombres; es entender que nadie puede rendir completamente si no tiene descansos. Las sociedades que más progresan no son en las que se explota a las personas; son aquellas en donde se equilibra mejor el trabajo, el descanso y la vida personal.

    Tener vacaciones no es escaparse de la realidad; es estar en ella, pero con mejores herramientas. No es privilegio, es un derecho que protege la salud, la dignidad y la vida de quienes todos los días sostienen este país con su fuerza laboral.

    Agustín Torres Delgado
    Secretario Nacional de Acuerdos
    Movimiento Ciudadanow