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    Sergio González Levet

    Sin tacto

    El presidente Andrés Manuel López Obrador, que ha mostrado tanto su preocupación en favor de los pobres, debería echar una mirada, aunque sea de reojo, a la actuación del Monte de Piedad, porque esta empresa que es privada no cumple cabalmente su función de ser un auxilio para quienes necesitan dinero en efectivo a fin de solucionar algún problema urgente.
    Un amigo que enfrentó una necesidad acudió a la histórica fundación, y le fue como en feria, según me contó acongojado.


    Por la contingencia y el encierro, esa persona -al igual que millones de mexicanos- vio caer su economía familiar al límite más bajo, al grado de que llegó un día en que ya no tuvo recursos para pagar los servicios de su domicilio.
    Recordó que su esposa tenía algunas joyas que había heredado de su madre, más algunas que habían adquirido a lo largo de los años, y con ellas formó un lote que llevó a empeñar.
    Según sus cuentas, las joyas tenían en conjunto un valor de 100 mil pesos. En el Monte se las tasaron con un valor comercial de 90 mil pesos y un valor de referencia de 75 mil pesos.
    Como era cliente nuevo, le ofrecieron prestarle el 50 por ciento del referencial, es decir, 37,500 pesos, que debía pagar en seis meses con una tasa de 49 por ciento anual.
    Es decir, 37,500 más 24.5% de intereses, le quedó la deuda en 46,065 pesos.
    Peeeeero, resulta que su situación siguió siendo muy precaria y no tuvo dinero para refrendar o.re-empeñar su lote.
    Y aquí viene lo feo porque el día que se venció el plazo sus joyas pasaron a ser puestas en venta al público.
    Y resulta que el Monte ¿impío?, con el fin de vender rápidamente las prendas, las ofrece por debajo no sólo del precio comercial, sino del precio de referencia.
    Las queridas reliquias familiares de nuestro amigo fueron rematadas en 60 mil pesos.
    Eso sí, rápidamente le hablaron al ex propietario del bien y le dijeron que pasara a las oficinas para que cobrará la «demasía» a su favor, que había resultado de la venta.
    Fue el pobre a la ventanilla y ahí se enteró que el Monte se había cobrado el préstamo, los intereses generados hasta ese día y algunos gastos de administración.
    La cosa es que la «demasía» no hizo honor a su nombre y quedó en 10 mil pesos, que le dieron de inmediato y religiosamente.
    Así que nuestro amigo recibió sólo 47,500 pesos por un bien que costaba 100 mil.
    ¿Quiénes fueron los gananciosos? Primero, el Monte, que cobró un jugoso interés, y segundo, quien compró aquellas joyas muy por debajo de su valor real (aquí el sospechosismo no se puede evitar).
    Yo me pregunto y le pregunto al Presidente: ¿Cuál es la «piedad» para los pobres que tienen que ir al empeño?
    Ahí tendría que operar a todo la 4T.
    ¿O no?

    sglevet@gmail.com