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    lnocencio Yáñez Vicencio

    En verdad que me da mucha tristeza ver a Ranulfo Márquez, exhumar la bandera que utilizó en la contienda por la dirigencia del PRI estatal contra el candidato que arrolló a la alianza duartista-fidelista- yunista. No deja de ser patético que sabiendo que no le produjo los resultados que esperaba señalar a Marlon de ser un aliado de Miguel Ángel Yunes Linares, hoy vuelva con esa cantaleta, en primer lugar porque pone a Marlon como un visionario que desde un principio supo que la única forma de enfrentar el aparato estado-partido que representa Morena, con éxito, era coaligándose con otros partidos y , en segundo lugar, que también deja ver que la mayor enfermedad que lo abruma, es que no sabe que pasada todo competencia interna, un partido debe cerrar filas para enfrentar a los contrarios externos y que en plena guerra levantarse contra el de casa, es servir al extraño, por lo tanto es un acto de traición.
    Por la estrechisima amistad que muchos años nos unió, quisiera ver a Ranulfo, dedicado a cuidar su salud y trabajando por hacer del PRi un partido no sólo capaz de remontar la derrota electoral que sufrió en pasados proceso por gente como Duarte sino también producir nuevas reglas y nuevas prácticas, para sobreponerse a la derrota cultural.
    La alianza del PRI con otros partidos no es motivo de ningún estigma, es un mandato social. Vergüenza sería que señalaran a Marlon trabajando para Bola 8 o que por una plaza para alguno de sus se prestara para denostar a su partido. Esa sí sería una infamia.
    El PRI necesita recuperar sus mejores banderas y sus mejores mujeres y hombres, que en la confrontación de ideas y propuestas nos acerquen, en lugar de alejarnos. Pasado el 6 de junio tenemos que darle una buena sacudida al tricolor, para desechar lo que lo corroe y recepcionar lo mejor de nuestro tiempo. Luchemos por lo quieren nuestras bases, empezando por rechazar a los lacayos de la autocracia de Morena.