Destacado

    Felipe de Jesús Fernández Basilio
    Desde A Janela


    Para el derecho procesal un hecho notorio es aquel que debido a lo evidente que es no requiere ser probado ni tampoco juzgado, limitándose el juzgador a solo declararlo como tal.
    Un buen ejemplo de un hecho notorio en la actualidad mexicana es el entendimiento que se da entre el presidente López O. y el crimen organizado, particularmente el cártel de Sinaloa.
    Y es tan obvia esa alianza, que no requiere más que hacer un recuento de otros hechos igualmente notorios para demostrarla y así tenemos las campañas presidenciales oficiales y extraoficiales de López O. en las cuales recorrió lugares de control exclusivo de la delincuencia y que son inaccesibles para cualquier otro mexicano, el Culiacanazo, los «abrazos no balazos» y «hay que acusarlos con su mamá» pero no reprimirlos, uno que otro golpecito a otro cártel rival del Sinaloa, el rendir pleitesía a la madre de un conocido cabecilla de ese cártel así como confraternizar (tacos de por medio) con la plana mayor que acompañaba a la señora, el tratar como «Don» a su hijo que purga una cadena perpetua en Estados Unidos por sus crímenes y rematando con que a los delincuentes hay que tratarles con mucha humanidad y cero violencia.
    Y si a ese recuento se le suma el cinismo con el que el propio mandatario se conduce cada vez que se le toca el tema, tenemos como un hecho muy notorio el contubernio entre el gobierno actual y el principal grupo criminal mexicano.
    Claro, en justicia hay que decir que el hecho como tal no es nuevo, ya que ni el crimen organizado surgió y se hizo poderoso en 2018 ni el gobierno comenzó a ser su aliado en ese año, de hecho, los gobiernos del PRI tuvieron fuertes vínculos con diversos grupos criminales y hasta se daba el caso que una administración favorecía a uno y otra a su contrario; nada más que en ese entonces el gobierno también los controlaba y si era necesario, utilizaba sin miramientos la fuerza superior del Estado.
    Luego, en la docena de años que estuvo el PAN al frente del gobierno federal, muy probablemente (no lo puedo asegurar) los vínculos entre el crimen organizado y el gobierno fueron mínimos, nada más que no hay que olvidar que en esa época el PAN tenía el gobierno federal pero a nivel local nunca fue una fuerza dominante y los gobernadores, principalmente los del PRI destacando Fidel Herrera, dejaron florecer al crimen organizado en sus entidades hasta el grado en que la situación se volvió insostenible.
    Y entonces llega Calderón quien, según el mito ampliamente difundido hoy en día, desató una guerra total contra el crimen organizado sin tener una estrategia ni pensar en las consecuencias de tal acción; lo cual no es del todo cierto, ya que Calderón ni remotamente fue el héroe que muchos quieren ver para contrastarle con el actual presidente ni tampoco fue un idiota que golpeó un avispero sin saber las consecuencias de hacerlo; simplemente fue un presidente que hizo lo único que podía y debía de haber hecho ante lo grave que era la situación.
    En esa época, la de Calderón, hubo una estrategia que medio llegó a rendir sus frutos al capturar a muchos de los principales cabecillas del crimen organizado, pero también se cometieron muchos errores, destacando el que exhibían a los detenidos como prisioneros bárbaros en un triunfo romano; lo cual era violatorio del debido proceso y provocó liberaciones de criminales como lo fue la de la famosa francesa.
    Sin embargo, el denominador común de las administraciones anteriores es que sus alianzas con el crimen organizado eran intuidas, pero había que demostrarlas, es decir, el entendimiento entre el gobierno y algunos criminales se sospechaba, pero los políticos eran cuidadosos para no desnudarse en público y de vez en cuando hasta los que eran sus amigos recibían algunos golpes por parte de las autoridades a fin de que siempre supieran, quien mandaba en el país.
    Ahora las cosas no funcionan así, ahora la amistad entre el crimen organizado y el gobierno es proclamada a los cuatro vientos y demostrada ampliamente con hechos, no olvidemos que los hechos son amores y es más que evidente que el gobierno con toda la intensión no hace uso de la fuerza superior del Estado en ningún caso ni tampoco realiza labores de inteligencia ni de investigación para debilitar a los grupos criminales; sino que por el contrario, les ha entregado grandes partes del territorio nacional, los deja actuar con total impunidad y hasta les construye vías de comunicación para que sean más fluidas sus rutas de tráfico.
    Por supuesto que esa alianza también deja beneficios al presidente y a su partido y es que el crimen organizado ayuda a alterar resultados electorales inhibiendo a candidatos opositores, movilizando y coaccionando a los votantes o hasta impidiendo la instalación de casillas o la votación ciudadana en los lugares que controla, los cuales por desgracia, no son pocos.
    Tiene toda la razón el presidente cuando dice que ellos no son iguales a los anteriores, y sí, son diferentes, tan diferentes que muestran al país y al mundo su amistad para con los criminales haciendo de ella un hecho tan notorio que solo basta con enumerar los favores que les han hecho descaradamente y nada más falta que un día el presidente diga sin empacho en una de sus prédicas cotidianas que de aquí en adelante México será un narco estado declarado.
    felfebas@gmail.com
    Twitter: @FelipeFBasilio