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    Inocencio Yáñez Vicencio

    Amlo, piensa que cerrando los ojos, puede desaparecer la realidad que no le gusta. No, hasta ese grado no llega su poder.


    En 2018, los mexicanos lo elegimos para que cumpliera la función de presidente, función que nuestra Constitución delimita con precisión qué y qué no puede hacer, pero no obstante que usted juró cumpirla, tan pronto como realizó esa formalidad, se olvidó que jurídicamente las elecciones sea realizan para saber quien tiene derecho de asumir el cargo constitucional de presidente y que las potestades no le vienen de los votos, no del pueblo bueno y sabio y si vienen de él se habla de un pueblo político y jurídicamente organizado, donde los poderes tienen como fuente la Constitución, por eso con razón dice Georges Burdeau, que El Estado es, ante todo, el Poder institucionalizado, y después por extensión, la propia institución donde reside el poder( El Estado. Página 68. Hora H ).
    El más renombrado pensador del marxismo no ortodoxo, Nicos Poulantzas, explica, en su visión socio-histórica, que : …el poder no es, sin embargo, más que un concepto que indica el efecto del conjunto de las estructuras sobre las relaciones de las prácticas de las diversas clases en lucha. Lo que significa que de acuerdo a la concepción materislista de la historia, el poder no se encuentra en ninguna parte, el poder es resultado de la correlación de fuerzas. Más adelante, en su libro: Poder político y clases sociales en el Estado capitalista, propone la siguiente definición de poder: se designará por poder la capacidad de una clase social para realizar sus intereses objetivos específicos. Que no difiere mucho al de Lenin.
    En estas condiciones tenemos que si Amlo y sus cuatreros insisten en negar que el poder en una sociedad constituida tiene su asiento en el Estado, por ser el Estado el poder institucionalizado e invocan que su poder les viene de una correlación de fuerzas que le favorece, queremos informarle, que hoy México no es el de ayer, que esa correlación de fuerzas ya no le favorece.
    La marcha del 13 de noviembre ha puesto en evidencia que sus acarreos y dispendio de recursos públicos para llenar la plaza del Zócalo de la Ciudad de México, que sus 30 millones de votos de votos que recibió se le estaban esfumando y que hoy es un hecho difícilmente refutable.
    Andrés Manuel López Obrador, calculó mal al pensar que su alianza con el Chapo Guzman, perdón, señor Joaquín Guzmán Loera, apoyarse en el crimen organizado para reforzar la estructura electoral, lo que él llama sus mascotas, sus brigadas o siervos de la nación, sus vándalos, los intelectuales que ha alquilado, sus dirigentes partidistas que tiene a su disposición para sabotear a la oposición de la Coalición Va por México, las persecuciones que realiza a través de la UIF y la FGR, el alineamiento de medios, la represión de la verdadera oposición, la destrucción de la reputación de sus críticos en sus Mañaneras, su compra de votos mediante limosnas y apoyos, las amenazas de quitar pensiones y apoyos a quien no vote por Morena, hacer de la Guardia Nacional su sección de asalto, corromper el Ejército, disponer de los dineros de subejercicios, fideicomisos, ahorros fiscales, partidas secretas y moches por asignaciones directas de contratos a amigos y parientes, le darian el poder para pasar sobre los votos y la ley que prometió cumplir y de paso arrinconaría a la oposición social y partidista, pero ya ve que no, ayer, esa sociedad le ha demostrado que le dio poder, como usted cree, para cumplir la Constitución e impulsarnos hacia adelante, no para regresarnos al país de un sólo hombre y una sola voluntad, porque esta nación o la construimos entre todos o no la construye nadie.
    La manifestación del 13 de noviembre de 2022, deja muy claro que México ha decidido realizar sus cambios por la vía de una política que mediante la reflexión, el diálogo reglado, la discusión, la persuasión y el acuerdo que refleje nuestra pluralidad, nos armonice, en lugar del realismo que define la política como búsqueda y retención del poder, que tantos vivales ha engendrado, que nos hemos acostumbrado a vivir y convivir con ellos.
    El INE lo defendemos porque es el símbolo de nuestra convicción y nuestra voluntad de vivir dentro de las reglas políticas y democráticas que nos aseguran el respeto a la diversidad y garantizan, que sin derramamiento de sangre podamos deshacernos de remedos de dictadores, traidoras, simuladores, charlatanes y farsantes.
    Como bien dice Guglielmo Ferrero, en su libro: El Poder: el ciudadano es sometido mediante el miedo, pero el tirano también tiene miedo de que el ciudadano se rebele. Hoy la cerrazón de Amlo, muestra que tiene miedo de perder un poder que hace tiempo dilapidó y por eso nos amenaza con hacer uso de su último recurso: la fuerza. Al cual ha salido la ciudadanía ha decirle que no le tiene miedo ni a su propaganda anestesiadora ni a la fuerza de sus falanges.