{"id":150775,"date":"2025-08-17T09:43:04","date_gmt":"2025-08-17T14:43:04","guid":{"rendered":"https:\/\/lospoliticosveracruz.com.mx\/?p=150775"},"modified":"2025-08-17T09:59:12","modified_gmt":"2025-08-17T14:59:12","slug":"la-lucha-por-la-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lospoliticosveracruz.com.mx\/?p=150775","title":{"rendered":"LA LUCHA POR LA VIDA"},"content":{"rendered":"\n\n\n<p><strong>Jorge V\u00e1zquez Sangabriel <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Breviarios<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Acababan de dar las doce, de una manera pausada, acompasada, y respetable, en el reloj del pasillo. Era costumbre de aquel viejo reloj, alto y de caja estrecha, adelantar y retrasar a su gusto y antojo la uniforme y mon\u00f3tona serie de las horas que van rodeando nuestra vida, hasta envolverla y dejarla, como a un ni\u00f1o en la cuna, en el oscuro seno del tiempo.<br>Poco despu\u00e9s de esta indicaci\u00f3n amigable del viejo reloj, hecha con la voz grave y reposada, propia de un anciano, sonaron las once, de modo agudo y grotesco, con impertinencia juvenil, en un relojillo petulante de la vecindad, y minutos m\u00e1s tarde, para mayor confusi\u00f3n y desbarajuste cronom\u00e9trico, el reloj de una iglesia pr\u00f3xima dio larga y sonora campanada, que vibr\u00f3 durante algunos segundos en el aire silencioso.<br>\u00bfCu\u00e1l de los tres relojes estaba en lo fijo? \u00bfCu\u00e1l de aquellas tres m\u00e1quinas para medir el tiempo ten\u00eda m\u00e1s exactitud en sus indicaciones?<br>El autor no puede decirlo, y lo siente. Lo siente, porque el tiempo es, seg\u00fan algunos graves fil\u00f3sofos, el ca\u00f1amazo en donde bordamos las tonter\u00edas de nuestra vida; y es verdaderamente poco cient\u00edfico el no poder precisar con seguridad en que momento empieza el ca\u00f1amazo de este libro.<br>Pero el autor lo desconoce: s\u00f3lo sabe que en aquel minuto, en aquel segundo, hac\u00eda ya largo rato que los caballos de la noche galopaban por el cielo. Era pues, la hora del misterio; la hora de la gente maleante; la hora en que el poeta piensa en la inmortalidad, rimando hijos con prolijos y amor con dolor; la hora en que la buscona sale de su cubil y el jugador entra en \u00e9l; la hora de las aventuras que se buscan y nunca se encuentran; la hora, en fin, de los sue\u00f1os de la casta doncella y del reumatismo del venerable anciano. Y mientras se deslizaba esta hora, rom\u00e1ntica, cesaban en la calle los gritos, las canciones, las ri\u00f1as; en los balcones se apagaban las luces, y los tenderos y las porteras retiraban sus sillas del arroyo para entregarse en brazos del sue\u00f1o.<br>En aquella hora, fuera la que fuese, marcada por los doce lentos y gangosos ronquidos del reloj del pasillo, no se encontraban en la casa m\u00e1s que un se\u00f1or viejo, madrugador impenitente; la due\u00f1a, <strong>do\u00f1a Casiana<\/strong>, patrona tambi\u00e9n impenitente, para desgracia de sus hu\u00e9spedes, y la criada <strong>Petra<\/strong>.<br>La patrona dorm\u00eda en aquel instante, cuando de pronto se iluminaron los balcones de la casa de enfrente; despu\u00e9s, se abrieron de par en par, y se oy\u00f3 un preludio de guitarra. En aquel momento apareci\u00f3 en uno de los balcones de la casa vecina una mujer envuelta en amplia bata, con una flor roja en el pelo, cogida estrechamente de la cintura por un se\u00f1orito vestido de etiqueta; con frac y chaleco blanco.<br>-Eso, eso produce- repiti\u00f3 la patrona varias veces\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed describe <strong>P\u00edo Baroja<\/strong> una de sus m\u00e1s famosas y significativas trilog\u00edas: <strong>La lucha por la vida<\/strong>, t\u00edtulo procedente de <strong>Darwin<\/strong> en <em>El origen de las especies<\/em>, nos dice <strong>Ricardo Senabre<\/strong>, en el pr\u00f3logo <em>La lucha por la vida<\/em> 1, ya que su primera versi\u00f3n, titulada <em>La busca<\/em>, se public\u00f3 por entregas en el diario <strong>El Globo<\/strong>, entre el 4 de marzo y el 29 de mayo de 1903.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Baroja<\/strong>, se doctor\u00f3 en medicina, termin\u00f3 abandonando esta profesi\u00f3n para dedicarse a la literatura, cre\u00f3 novelas, fue dramaturgo; en sus obras fue un ac\u00e9rrimo cr\u00edtico de la sociedad de su \u00e9poca, <strong>P\u00edo Baroja<\/strong>, se\u00f1al\u00f3 con arrojo las vicisitudes de una sociedad sometida por el <strong>costumbrismo<\/strong>, el debe ser; lo que se\u00f1al\u00f3 con acre agudeza, desde lo religioso hasta las desverg\u00fcenzas en que el entendimiento y los rumores sordos se desarrollaban entre las diversas clases, una moral sin moral con sus c\u00f3digos de moralidad, una apariencia callada pero aceptada.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Baroja<\/strong>, es uno de los escritores m\u00e1s influyentes de la <strong>literatura espa\u00f1ola<\/strong>, desafi\u00f3 las normas de su tiempo con su mirada cr\u00edtica hacia la sociedad y la moralidad, su vida y muerte fueron tan complejas como sus obras llenas de pasi\u00f3n, tristeza y un profundo desenga\u00f1o hacia el mundo que lo rodeaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Referencias tomadas de: <em>La lucha de la vida1. La busca.<\/em><br><strong>Pr\u00f3logo:<\/strong> Ricardo Senabre.<br><strong>Editorial:<\/strong> mercaba.gor<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jorge V\u00e1zquez Sangabriel Breviarios Acababan de dar las doce, de una manera pausada, acompasada, y respetable, en el reloj del pasillo. 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