{"id":4516,"date":"2012-11-05T20:43:00","date_gmt":"2012-11-05T20:43:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lospoliticosveracruz.com.mx\/?p=4516"},"modified":"2014-10-10T03:02:47","modified_gmt":"2014-10-10T03:02:47","slug":"las-formas-de-la-muerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lospoliticosveracruz.com.mx\/?p=4516","title":{"rendered":"Las formas de la muerte"},"content":{"rendered":"<p><b>Juan Antonio Nemi Dib<\/b><\/p>\n<div><i>Historias de Cosas Peque\u00f1as <\/i><\/p>\n<p>Cierto domingo por la tarde regresaba con mis pap\u00e1s de Potrero Nuevo hacia C\u00f3rdoba; \u00e9l conduciendo, ella de copiloto y yo en la parte posterior del coche. Volv\u00edamos de una comida. Si lo recuerdo bien, hab\u00eda sido un mole por el cumplea\u00f1os de don Pepe Sosa, hermano de la a\u00f1orada maestra Enriqueta, sobrina del general Antonio Portas y entra\u00f1able amiga de la familia.<br \/>Al entroncar con la carretera federal a Veracruz nos topamos de frente con un espantoso accidente que no ten\u00eda sino segundos de haber ocurrido. Un Volkswagen sedan, blanco &#8211;lo tengo grabado en la corteza cerebral&#8211;, la puerta del conductor abierta y \u00e9ste en una posici\u00f3n imposible, con medio cuerpo dentro del auto y el pecho sobre el pavimento, rodeado de un gran charco de sangre.<a name='more'><\/a><br \/>Era yo un chamaco de ocho o nueve a\u00f1os de edad y no s\u00e9 qu\u00e9 me fij\u00f3 m\u00e1s al asiento, si el impacto que me caus\u00f3 el sangriento cuadro o la invectiva de mi pap\u00e1 para que no me moviera del coche hasta que \u00e9l regresara. Recuerdo a mi mam\u00e1 rezando y la cara de frustraci\u00f3n de mi padre cuando volvi\u00f3: no hab\u00eda nada qu\u00e9 hacer. Era la primera vez que ve\u00eda la muerte de cerca, sin m\u00e1s explicaci\u00f3n. Terminamos el viaje en silencio, salvo los murmullos de mi mam\u00e1 que repet\u00eda una y otra vez: \u201cno dejes en el desamparo a sus familias\u201d, de lo que colijo que fueron dos o m\u00e1s los fallecidos, aunque yo s\u00f3lo viera a uno de ellos.<br \/>Poco tiempo despu\u00e9s la mam\u00e1 de un estimado vecino de mi edad, compa\u00f1ero de juegos, decidi\u00f3 quitarse la vida en medio de un agudo cuadro de depresi\u00f3n. Recuerdo la cara de la se\u00f1ora en vida pero no la de \u00e9l: no volv\u00ed a verlo nunca m\u00e1s, dado que fue a vivir con algunos familiares. Ya en bachillerato, muri\u00f3 repentinamente una entra\u00f1able compa\u00f1era. Su madre sab\u00eda que \u00e9ramos buenos amigos y me pidi\u00f3 que cerrara su f\u00e9retro, antes de salir al pante\u00f3n. Me qued\u00e9 petrificado pero no pude evitarlo y cumpl\u00ed con la voluntad de la se\u00f1ora. Estaba maquillada, vestida con una t\u00fanica azul cielo como de virgen y parec\u00eda dormir pl\u00e1cidamente.<br \/>Con el tiempo la conciencia de la muerte se fue haciendo m\u00e1s persistente y mucho m\u00e1s cercana: mi abuela, mi primita, mis t\u00edos, mi primo, mi otra prima, mi hermano, mis padres, Lupe mi t\u00eda\/abuela\/amiga c\u00f3mplice. Ya perd\u00ed la cuenta. Pero hace poco, una parienta muy inteligente me llev\u00f3 a la reflexi\u00f3n generacional: muertos nuestros viejos, somos nosotros &#8211;sus hijos&#8211; los que pasamos a la vanguardia de quienes est\u00e1n, por raz\u00f3n fisiol\u00f3gica, por estad\u00edstica y probabilidad, por sentido com\u00fan, pr\u00f3ximos al desenlace. Parece que seguimos en la lista. Y esto no es fatalismo ni depresi\u00f3n ni angustia: es un mero hecho natural.<br \/>Lo intuimos pero evitamos racionalizarlo, nos cuesta trabajo aceptar a la muerte como algo inevitable, consustancial a la vida. Y este rechazo es la explicaci\u00f3n a muchas de las grandes obras del esp\u00edritu y de la inventiva humana: el deseo de trascender por encima de la sentencia sumar\u00edsima que pesa, inexcusablemente, sobre todos nosotros. De suerte que el rechazo a la idea de la muerte suele servir hasta como energ\u00eda creativa, pero tambi\u00e9n &#8211;no hay que olvidarlo&#8211; como negaci\u00f3n de la realidad.<br \/>Conscientes o no, buscamos perpetuarnos de una u otra manera. Pero, como alguna vez se coment\u00f3 en este espacio, los que filosofan sobre asuntos de biolog\u00eda dicen que, a fin de cuentas, una vez que los seres humanos nos hemos reproducido, queda cumplida nuestra \u00fanica misi\u00f3n &#8211;fisiol\u00f3gica&#8211; en la vida: replicarnos para garantizar la sobrevivencia de la especie, que no de los individuos. Seg\u00fan esa perspectiva, una vez que los cachorros son autosuficientes e independientes, lo que vivimos son horas extras, no m\u00e1s. Si esto es cierto, entonces tambi\u00e9n lo es que nuestra cultura busca darle m\u00e1s sentidos, justificaciones y prop\u00f3sitos a nuestra existencia, mucho m\u00e1s all\u00e1 de s\u00f3lo reproducirnos.<br \/>Insisto: el de morir es un asunto cuyo an\u00e1lisis generalmente se prefiere postergar. Este hecho se demuestra claramente si se analiza el n\u00famero de personas que deliberadamente evitan hacer sus testamentos, que no desean acercarse a la muerte, no quieren tentarla (en ninguno de los sentidos de la palabra); mejor evitar esa realidad lacerante y dolorosa, \u201cdejarla para despu\u00e9s\u201d, un poco meter la cabeza en el agujero. Y esto ocurre en buena parte de la gente \u201cmadura\u201d y ya mayor: \u00bfpara qu\u00e9 carambas invocar a la muerte? Y si se le agregan las supersticiones y los temas teol\u00f3gicos, el asunto se sigue complicando.<br \/>El otro extremo parece expresarse en el pesimismo intr\u00ednseco de la cultura egipcia: vivir para morir, destinar la existencia a la preparaci\u00f3n de la inexistencia, aunque en realidad eso de la inexistencia es relativo, porque ya hace cuatro mil a\u00f1os los egipcios postulaban &#8211;cre\u00edan en \u00e9l&#8211; el principio de la vida eterna, la vida despu\u00e9s de la muerte, que es la esencia de todas las religiones. Debo aceptarlo: aunque son los menos, tambi\u00e9n hay gente en nuestros d\u00edas, que no s\u00f3lo compra por anticipado el terrenito en el cementerio, sino que paga hasta el caj\u00f3n, adem\u00e1s del caf\u00e9 y las galletas que habr\u00e1n de repartirse en el velorio.<br \/>De modo que frente al hecho inevitable, tenemos tres opciones: ignoramos palmariamente que vamos a morir, lo convertimos en una obsesi\u00f3n fatal por s\u00ed misma, que nos condena a no disfrutar la vida mientras dure, pensando s\u00f3lo en la cat\u00e1strofe final &#8211;al m\u00e1s puro estilo fara\u00f3nico&#8211; o le damos a nuestra existencia terrena un equilibrio que asuma objetivamente la realidad: al menos en esta dimensi\u00f3n y con estas caracter\u00edsticas, somos temporales, lo que nos debiera llevar a aprovechar como Ferrusquilla, el tiempo que nos quede libre.<br \/>La conciencia de la muerte tendr\u00eda que ayudar a que pele\u00e1ramos menos, a acumular menos, a envidiar menos; finalmente, cualquier causa de celos, ambici\u00f3n o deseo por lo de otros tambi\u00e9n concluye con la muerte. El saber racionalmente que nuestra vida es finita motiva el que se aprenda a compartir, a ser tolerantes, a ser incluyentes, a prodigar amor, a buscar la disminuci\u00f3n del sufrimiento propio y ajeno, a darle sentido a las cosas que podr\u00edan parecernos insustanciales &#8211;un paisaje, por ejemplo&#8211;, a disfrutar con intensidad los buenos momentos.<br \/>Una cosa es segura, adem\u00e1s de la muerte anunciada: de nuestra forma de vivir depende, casi como ley universal, nuestra forma de morir. Y no me refiero a la manera espec\u00edfica, m\u00e9dica, en que nuestra existencia llegue a su fin sino a la conclusi\u00f3n &#8211;como actividad humana&#8211; de nuestro paso por este mundo. Es verdad que las circunstancias suelen ser importantes, a veces determinantes, pero finalmente uno posee muchas opciones para decidir el rumbo de su vida y, por ende, el de la muerte. Quiz\u00e1 la mejor forma de expresarlo es la sobada pregunta: \u00bfc\u00f3mo desea usted ser recordado (a)? Y a cualquier respuesta posible para esa pregunta, se suele responder con un axioma: vivir cada d\u00eda como si fuera el \u00faltimo.<br \/>Tambi\u00e9n est\u00e1 el caso &#8211;penos\u00edsimo&#8211; de quienes muertos en vida, nunca entienden que la existencia es disfrutable, por encima de los resentimientos, las cicatrices y las ambiciones fallidas, que dar es mejor que recibir; son los peque\u00f1os demonios que est\u00e1n aqu\u00ed para hacer el mal. Pobrecitos.<br \/>Yo me quedo con Guti\u00e9rrez N\u00e1jera: \u201cQuiero morir cuando decline el d\u00eda, en alta mar y con la cara al cielo, donde parezca sue\u00f1o la agon\u00eda y el alma un ave que remonta el vuelo.\u201d Pero a su tiempo, a su tiempo, por supuesto&#8230; que no tengo prisa, ninguna prisa.<\/p>\n<p> <a href=\"mailto:antonionemi@gmail.com\">antonionemi@gmail.com<\/a><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan Antonio Nemi Dib Historias de Cosas Peque\u00f1as Cierto domingo por la tarde regresaba con mis pap\u00e1s de Potrero Nuevo hacia C\u00f3rdoba; \u00e9l conduciendo, ella de copiloto y yo en la parte posterior del coche. Volv\u00edamos de una comida. 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