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    Sergio González Levet

    Sin tacto

    El seudocientífico chairo consiguió que le fuera aprobado en el Conaj-cyt su proyecto sobre el comportamiento de una pulga. El trabajo estaba para llorar, pero de alguna forma tenía que justificar la beca que recibía, misma que le habían quitado a un científico mexicano con varios reconocimientos internacionales que tenía el pecado de que en 2018 no había participado a favor de López Obrador.

         Como los miembros del consejo académico que vieron su deficiente plan de trabajo estaban en las mismas que él -puesto que habían llegado a sus cargos como pago por compromisos de campaña del partido Morena-, aprobaron sin leer y sin cambiarle una coma las pretensiones del seudocientífico.

         Ya con el permiso, el émulo de investigador consiguió una mesa, un cuaderno de rayas, un lápiz con goma, una regla de 30 centímetros, una pinza para depilar las cejas y unos lentes con lupa… ah, y una pulga amaestrada, que consiguió fácil y económicamente en un circo al que le habían prohibido que usara animales en sus actos.

         Se sentó en una mesa, puso la regla en posición vertical y frente a ella a la pulga. A su lado abrió el cuaderno y comenzó su experimento/investigación: —Pulga de seis patas, ¡salta!

         Siguió con la mirada y con el movimiento de su cabeza el brinco del insecto, observó detenidamente y anotó en su cuaderno: “Pulga de seis patas, salta 15 centímetros”.

         Con las pinzas de depilar le quitó una pata al sifonáptero y lo depositó otra vez frente a la regla: —Pulga de cinco patas, ¡salta!

         Y anotó: “Pulga de cinco patas, salta 12 centímetros”.

         Le quitó una extremidad más al parásito y le ordenó: —Pulga de cuatro patas, ¡salta!

         Nueva indicación en su cuaderno: “Pulga de cuatro patas salta 10 centímetros”.

         Repitió la operación, y ordenó: —Pulga de tres patas, ¡salta!

         En el cuaderno: “Pulga de tres patas salta 8 centímetros”.

         Siguió el experimento: —Pulga de dos patas, ¡salta!

         “Pulga de dos patas salta 5 centímetros”.

         —Pulga de una pata, ¡salta!

         “Pulga de una pata salta 2 centímetros”.

         Finalmente, quedó el animalillo sin patas, lo depositó suavemente frente a la regla y lo conminó: —Pulga sin patas, ¡salta!

         La pulga no hizo ningún movimiento, y por eso el seudocientífico chairo repitió: —Pulga sin patas, ¡salta!

         Así que escribió la conclusión de su importante estudio:

         “Pulga sin patas, ¡se queda sorda!”

         Ésta es, en forma de chascarrillo, una muestra de cómo están preparados los militantes de la 4T que llegaron a suplantar a muchos preparados funcionarios en áreas decisivas de la administración pública en todo el país.

         Por eso nos está yendo de tal modo.

    sglevet@gmail.com