Jorge Viveros Pasquel
En las últimas décadas, la seguridad pública ha dejado de ser un asunto exclusivo de los cuerpos policiales para convertirse en un tema transversal donde la participación comunitaria resulta clave, en ese sentido, el modelo de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) de Cuba que han sido uno de los mecanismos de organización vecinal más eficaces de América Latina y el Mundo, particularmente como herramienta para obtener inteligencia ciudadana y como consecuencia de altos niveles de seguridad en sus comunidades. Aunque su origen y fines respondieron a un proyecto político específico, muy diferente al de la actualidad mexicana, su experiencia puede ofrecer aprendizajes valiosos para los municipios que enfrentan cotidianamente delitos del fuero común.
Los CDR fueron creados en 1960 como una red de vigilancia comunitaria con presencia en prácticamente todas las cuadras de Cuba. Su éxito radicó en dos elementos fundamentales:
1. Cobertura territorial: cada manzana cuenta con un comité encargado de conocer cuáles son las dinámicas de convivencia y qué situaciones pudieran generar riesgos.
2. Participación vecinal activa: son los propios ciudadanos quienes asumen la responsabilidad de informar y prevenir, lo que les otorga alta legitimidad en su entorno inmediato.
En México, los delitos del fuero común; robos, asaltos, violencia familiar, daños en propiedad ajena, entre otros, son los que más afectan la percepción de inseguridad y estos ilícitos suceden en la colonia, en el transporte o en la vía pública, es decir, en los espacios más cercanos a la vida cotidiana de las personas. A lo anterior se suma un factor determinante: las condiciones orográficas de muchos municipios mexicanos, como Xalapa, dificultan la reacción policial. Muchas zonas asentadas en laderas, el tráfico de vehículos, colonias irregulares con calles estrechas, caminos de terracería, escalinatas muy empinadas, callejones, así como comunidades rurales con difícil acceso, ralentizan la llegada de las patrullas al lugar de los hechos. Esta realidad genera que, en muchos casos, la comisión de un delito termine en impunidad debido al tiempo que le toma a la policía arribar a la zona. Aquí cobra relevancia el contar con inteligencia ciudadana, pues permite anticipar patrones, prevenir hechos y compensar las limitaciones físicas y geográficas que retrasan la respuesta de las autoridades. Por otro lado, particularmente las policías municipales, que son la primera línea de contacto con la ciudadanía, suelen enfrentar también otras limitaciones; insuficiencia de elementos, falta de recursos materiales y, en algunos casos, un débil vínculo con la comunidad y es donde un esquema de proximidad inspirado en la inteligencia ciudadana podría tener un impacto transformador muy positivo con algunas de estas líneas de acción:
• Comités de Seguridad Vecinal: células organizadas por colonia, reconocidas por el ayuntamiento, que funcionen como interlocutores directos de la policía municipal.
• Oficiales de proximidad asignados: policías que no solo atiendan reportes, sino que conozcan a los vecinos, sus problemáticas y los puntos de riesgo de cada zona.
• Canales de comunicación ágiles: uso de plataformas digitales y grupos comunitarios verificados para reportar incidentes en tiempo real.
• Prevención social: además de vigilar, estos comités pueden promover actividades culturales, deportivas o de recuperación de espacios públicos que reduzcan factores de riesgo.
En otros países, la inteligencia ciudadana ha demostrado la eficacia de la organización comunitaria para generar cohesión social. Adaptar sus elementos positivos a las realidades de las policías municipales, particularmente en Xalapa, en un marco de proximidad ciudadana, podría seguramente fortalecer la prevención de los delitos del fuero común y mejorar la confianza entre sociedad y autoridad y si este modelo se implementa con transparencia y mecanismos de rendición de cuentas, podría convertirse en una de las herramientas más innovadoras para devolver la seguridad a los espacios donde la vida cotidiana ocurre; las calles y las casas de Xalapa.
