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    “Traten de dejar este mundo en mejores condiciones de como lo encontraron”.
    —Robert Baden-Powell

    El Senderito de Bosque de Niebla, que ocupa tres hectáreas del Cerro de las Culebras, es una referencia de armonía, paz, conocimiento, relajación y aprendizaje.

    En una de sus esquinas, colindante con una huerta de bambú invasivo, descansan las cenizas de un poeta esparcidas por su esposa, quien sembró ahí un liquidámbar. Una docena de palos zopilotes se alzan con sus hojas rojizas, mientras que, en la planicie, los chalahuites tienden su alfombra de hojas secas.

    Hasta un senador reconoce que es un proyecto consolidado y que es necesario impulsarlo institucionalmente. Desde la capital del estado visitó el Senderito, por segunda ocasión, la organización Scouts Xalapa Grupo 3 «Fénix». Desde la cima se escuchaban sus cánticos y arengas al ingresar por la calle Prolongación Justo Sierra. Treinta elementos ascendieron por el adoquinado hacia las instalaciones del Senderito, liderados por la jefa Karla Paola López Gutiérrez, una persona con el don de servir y ayudar.

    La edad de los visitantes oscilaba entre seis y veintiún años: todos participativos, deseosos de aprender y con especial atención en no dejar basura. Al contrario, levantaban los restos abandonados por otros. Se formaron cuatro grupos, dependiendo de la edad, para sembrar diferentes especies de encinos. Cabe recordar que México posee la mayor variedad de encinos en el mundo.

    Los más pequeños se agruparon en la Manada Kokone, quienes eligieron el más joven de los Quercus xalapensis, de apenas diez centímetros. Su nombre proviene del botánico francés Aimé Bonpland, quien lo colectó durante la histórica expedición sudamericana y mexicana encabezada por Alexander von Humboldt en Xalapa, en febrero de 1804.

    El segundo equipo, la Tropa Uroboros, adoptó un Quercus paxtalensis o roble, y escucharon atentos las instrucciones del manual del gobierno federal para sembrar un árbol:

    Afloja la tierra y haz un hueco de 30 centímetros de profundidad y 20 de ancho. Deposita de un lado la tierra de la primera mitad (más fértil) y, al otro, la de la segunda mitad (menos fértil). Coloca en el fondo del hueco la tierra más fértil, para que la raíz del arbolito tenga los mejores nutrientes.

    La Comunidad Ygdrasil eligió un Quercus laurina y se sorprendió al conocer el uso de la cáscara de café o pajilla —regalada por Café Moretto— y del humus de lombriz —donado por Finca Fátima— para fertilizar el árbol. Finalmente, el Clan Versa sembró un Quercus sapotifolia, rodeándolo con semillas de canavalia, gran aportación del agrónomo Arturo García. Estas semillas fueron enterradas en forma hexagonal. La canavalia, leguminosa y abono verde, aporta materia orgánica.

    El epílogo fue un juego de Lotería de la Biodiversidad del Bosque de Niebla, guiados por la anfitriona y directora general de la asociación civil Ruta de la Niebla, Leticia Arriaga Stransky. Por supuesto, también contaron con la intervención del colaborador estrella del Senderito, el doctor Alejandro Beltrán Cordero, quien compartió un relato alusivo a la magia del Cerro de las Culebras.