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    Teresa Carbajal
    Debo, no niego; pago, lo justo

    Por estos días en que se habla del estrés financiero como una epidemia más, de la que también somos culpables, les traigo una buena historia de Cajas de ahorro abusivas, como para que vayamos entendiéndole al asunto, a las causas reales del estrés financiero, y para abonar a la discusión de la búsqueda y localización de los verdaderos responsables de este problema que ha destruido la salud y la estabilidad emocional de los ahorradores, y que por la gravedad y frecuencia con que sucede, ya debe considerarse como asunto de interés público.

    En efecto, se falta a la verdad y a la conciencia colectiva, pero en especial a la de las víctimas de abusos cometidos por los prestadores de servicios financieros, al afirmar que el estrés financiero tiene como causa uniforme la toma de malas decisiones, la falta de orden en nuestra economía familiar y el sobreendeudamiento; en otras palabras, porque somos “gastadores” o porque nos gusta vivir endeudados.

    ¡No señores! No estoy de acuerdo con que siga guardándose silencio sobre los hechos cotidianos que se viven en la relación cliente (usuario)–prestadores de servicios financieros: relaciones de abuso, de acoso por decir lo menos, de acoso financiero.

    Nadie habla del acoso financiero; y ahora que también se pone en la escena nacional el tema del acoso hacia nuestro género, vamos a revisar la historia de muestra, y usted al final saque su conclusión.

    No vamos lejos, aquí cerquita en Teocelo, Veracruz, tenemos una Caja de ahorro cuyos servicios financieros se enfocan al sector popular (al pueblo, pues). Su misión es fomentar el ahorro popular y también dar crédito, atendiendo a la normativa aplicable en términos de la Ley de Ahorro y Crédito Popular y (de cajón) a las sanas prácticas de uso financiero.

    Bien, pues resulta que esta Caja se diseñó un “traje a la medida” para hacer la cobranza a sus socios, que consiste en que el mismo día que les da el préstamo, les hace firmar un pagaré y un contrato de cesión de bienes en pago.

    Claro está que el préstamo puede ser de 15 mil pesos, por ejemplo, y tu casa vale 400 mil, pero en ese mismo momento te hace firmar un contrato en donde te comprometes a cederle la propiedad de tu casa, aunque valga mucho más de lo que debes.

    En el contrato renuncias al derecho de cobrar alguna diferencia de costo, pues ese documento dice que, si al momento en que le entregues tu casa, la casa tiene un valor superior a la deuda, estás de acuerdo en que esa diferencia de precio se le quede a la Caja.

    Después de que se vence el plazo para pagar (que pueden ser tres o seis meses), por vía de redes sociales empieza a promover la venta de tu casa, con fotografías y todo. En ese momento sucede, ese… ¿cómo se le llama?… estrés financiero.

    Porque al mismo momento llegan compradores de remates, día y noche a tu casa, con afán de tomar fotografías, entrar a verla y hacerte preguntas sobre cuándo desocuparías, etcétera.

    Entonces la presión arterial, la glucosa y los triglicéridos ya andan por las nubes. Desde luego, corres a la Caja a hacer cuentas porque de esos 15 mil pesos pagaste 10 mil y solo te faltan cinco, pero no los tienes a la mano.

    Los apoderados de la Caja te mandan a conseguir 150 mil pesos más intereses, porque no tienes comprobantes de pago, y ellos alegan que los diez que diste se fueron a intereses.

    En ese momento te sientes acorralado, entras en desesperación, y para acabar de complicar tu caso, los abogados de la Caja (hasta entonces) te explican lo que firmaste. Te das cuenta de que no firmaste por 15, sino por 150 mil pesos. Y que no aceptarán menos que eso, aunque sea una deuda fabricada. Y que, para acabar, les “cediste” en pago tu casa.

    ¡Caíste en una trampa!, y tu familia preguntará qué hiciste con tantísimo dinero, si nunca se vio nada. Pero ahora debes resolver, y aunque sabes que es injusto porque no lo debes, quieres pagar, pero te dedicas al campo y no produce, o tienes un pequeño negocio, pero está quebrado y por eso acudiste a la Caja para que te prestaran quince mil.

    Hay que ver el lado de los otorgantes de crédito, para comprender qué están haciendo para generar estrés financiero, pero de hacerlo nos daríamos cuenta de que tenemos órganos reguladores que no regulan, autoridades sin autoridad, leyes que no sirven, ¿y entonces…? ¡mejor le echamos la culpa a los gastadores!

    Si tiene dudas o deudas, llame al 2281148502, visite www.elbarzonrc.org o contacte al correo elbarzonrc@yahoo.com.mx. Sígame en @terecarbajal.