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    Jorge Arturo Rodríguez


    Tierra de Babel

    A casi poco de que termine el 2014, antes pasemos –¡ojalá!- por los “Días de Muertos” y desaparecidos y secuestrados y…, gastemos nuestra raquítica lanita en “El buen fin”, lleguemos -¡otro ojalá!- a las fiestas decembrinas, no sé qué tan dispuestos y alegres estaremos pa’ celebrar. Porque la cosa no anda tan bien, mucho menos si… Bueno, a estas alturas, más bien “bajezas”, quién no sabe de este pinche mundo que nosotros mismos hemos demolido. En fin. El dato es harto sabido, que en México hay poquitos ricos y un chingo de pobres. En sinembargo.mx, leo: “México se ubicó este año como el país número 21 (de 40) con el mayor número de multimillonarios, es decir, que cuentan con una riqueza individual superior a los mil millones de dólares, al sumar 27, cinco más que el año pasado, de acuerdo con el censo Wealth and UBS Billionaire 2014 (Riqueza y Billonarios 2014). Juntos acumulan activos por 169 mil millones de dólares. Según esta medición, que se publica cada año, el número de multimillonarios mexicanos subió 23 por ciento, al pasar de 22 a 27 de 2013 a 2014. Sus activos repesentan 32 mil millones más con respecto a los 137 mil millones de 2013, lo que ubica a México en el lugar 21 de 40 países con el mayor número de magnates. De ellos, 21 de los 27 viven en la ciudad de México” Ahí nomás, chato.
    Ya lo dijo Roberto Vélez, director de movilidad social del Centro de Estudios Espinoza Iglesias: “Ni la educación, ni los programas sociales que se tienen garantizan que los mexicanos pobres dejen de serlo, en tanto que la mayoría de quienes nacen ricos permanecen así, especialmente los varones”. ¡Órales!
    Mientras, pos a seguir dudando: confiar o no confiar en nuestras instituciones y autoridades. Acuérdense, confiar en todos es insensato; pero no confiar en nadie es neurótica torpeza, dijera Juvenal. Y me pregunto, con el Barón de Holbach, ¿qué confianza puede tenerse ni qué protección encontrarse en leyes que dan lugar a trampas y enredos interminables, que arruinan a los pleiteantes, engordan a los curiales y facilitan a los Gobiernos el cargar impuestos y derechos sobre las disensiones y pleitos eternos de sus súbditos? ¡Gulp!
    Pero mejor me quedo –toda misoginia guardada- con lo que expresó Oscar Wilde: “Cómo tener confianza de una mujer que le dice a uno su verdadera edad. Una mujer capaz de decir esto es capaz de decirlo todo”.

    Los días y los temas
    Por cierto, hablando de mujeres y traiciones…, perdón, con eso de la equidad e igualdad –¿es lo mismo?- entre los hombres y las mujeres, traído pa’ca y pa’llá, dijo la actriz Emma Watson en la ONU que “no vivimos en un mundo justo, ni los hombres ni las mujeres”. Ahí ‘ta el detalle, chato.
    Un amigo me dijo que la situación de la igualdad de género se resuelve tan simple como aplicando: “Tu me pagas mi entrada al cine, y yo te pago tu entrada al cine”. ¿Así se sencillo?

    De cinismo y anexas
    Expresó Leonardo DiCaprio en la ONU: “Como actor, simulo para ganarme la vida. Represento personajes ficticios que a menudo resuelven problemas ficticios. Creo que la humanidad ha mirado el cambio climático en la misma forma: como si fuera una ficción que ocurre en el planeta de otra gente, como si fingir que el cambio climático no es real de algún modo lo hiciera desaparecer”.
    Por lo pronto ahí se ven.

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