Destacado

    Armando Ortiz

    El Hijo Pródigo
    La devoción del mexicano no tiene parangón. Ya Octavio Paz en El laberinto de la soledad, libro de ensayos todavía vigente en este siglo XXI, nos marca los rasgos de un sujeto que se aferra a sus tradiciones como si en ello le fuera la vida. Una de esas tradiciones es la peregrinación a alguna de las muchas basílicas que se han levantado en honor a la Virgen de Guadalupe. El mexicano se flagela, se lastima, multiplica su sufrimiento por llegar de rodillas, sangrando y con sus nopales en la espalada, para demostrar la gran devoción hacia su Tonantzin, madre de los pobres y por qué no, de los ignorantes. El sacrificio vale la pena, porque una vez al año, 12 de diciembre, se puede desfallecer en el esfuerzo, pero los 364 días restantes el devoto cree, en su ignorancia, que puede hacer lo que le venga en gana; puede desentenderse de sus obligaciones, pues con un día de penitencia ha conseguido el permiso para un año completo de holganza, ineptitud, descuido y pecados encubiertos.
    Los funcionarios culturales en Veracruz son como ese indio devoto. Ante su incapacidad para sacar adelante un verdadero proyecto cultural de grandes alcances en todo el estado, han decidido, como los indios del Tepeyac, hacer su peregrinación anual hacia el Hay Festival, y con eso creen que han cumplido, al menos por un año, con su responsabilidad administrativa.
    Por supuesto se creen que todos nos tragamos el cuento de que ellos son los organizadores del Hay Festival. El Hay Festival ya viene preparado, como comida para llevar, desde la sede en Europa. Estos indios de la cultura sólo sirven de meseros en los eventos, colocan el papel higiénico a los invitados, el vasito de agua en la mesa, le prenden el cigarro al escritor e invitan la copa a los mercenarios de la cultura. Si acaso, de un menú que la organización Hay Festival les muestra, ellos puedan decidir que corte de carne cultural prefieren, o el año del vino literario, o acaso los canapés plásticos que darán en sus ambigúes culturales.
    En esta ocasión del 2014, al parecer el presupuesto no les alcanzo para nada mejor. Sí, se decidieron por Salman Rushdie, un platillo fuerte, un hueso duro de roer, pero se tuvieron que conformar con rebanaditas de jamón serrano de alguna charcutería local o con vinos avinagrados como la señora Margo Glantz.
    Es fácil gastarse en cuatro días más de la mitad del presupuesto anual para cultura; aparte, resulta muy provechoso ser el proveedor de la infraestructura para muchos de los eventos, así como de los autos rentados para transportar a las “celebridades” culturales y las necesidades que surjan en el camino; bonito negocio para Harry que siempre ha vivido de eso.
    El beneficio en la promoción y difusión de la cultura es como el relámpago que pasa; sólo deja un estruendo que estremece, una fulgente luz que ciega, pero nada más.
    En adelante aquellos que acudieron a la “gran comilona” cultural padecerán de alguna indigestión que se cura con sal de uvas, pero el resto del año tendrán que sufrir de una escasez que sólo satisfarán en el onanismo cultural en que muchos hemos sobrevivido, la lectura.
    En fin, independientemente de lo discutible que podría ser el inmenso programa del Hay Festival, los beneficios no se han visto por ningún lado. Xalapa no se ha convertido en una Guanajuato, ni en una Guadalajara, ni en una mini ciudad de México; vaya, con todo y sus problemas de violencia, Xalapa no se parece en nada a Morelia en cuanto a oferta cultural.
    Pero los agarrapendejos culturales siguen vendiendo el Hay Festival como si ellos fueran los que amasaron la masa, como si ellos fueran los que diseñaron el vestido, como si ellos fueran los que se hablan de tú con los “nóbeles” y “cervantes”. Es su especialidad, así lograron llegar al puesto en el que están.

    Postdata 1: Los representantes del gobernador
    Sabemos que el gobernador Duarte no puede asistir a todos los eventos que se le invitan, por la cargada agenda que tiene. Es por ello que en ocasiones delega a sus subalternos para que lo representen. Pero a veces el subalterno no puede o no quiere ir al evento, ya sea por discordia o por temor. Es por ello que delega esa responsabilidad a uno de sus trabajadores y así se pueden ir hasta correr el riesgo de que en un evento el gobernador se haga representar por el jefe de intendencia de una dirección cultural.

    Postdata 2: Ya quisieran…
    No somos el Hay Festival, pero ya quisieran los organizadores que uno de sus eventos estuviese tan ameno, concurrido y tan bien organizado como la presentación del libro Pueblo Viejo de Sergio González Levet.

    Armando Ortiz aortiz52@hotmail.com

    Sobre El Autor

    Hacer Comentario