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    David Carrión Rosales

    Tragos de café 

     

    2018 será un año histórico para nuestro país en términos electorales. Desde que el presidente Manuel Ávila Camacho promulgó la Ley Federal Electoral en 1946, hasta la creación del Instituto Federal Electoral en 1990, en nuestro país la organización democrática no era autónoma y la Comisión Federal de Vigilancia Electoral era integrada por miembros del poder. Pasaron 41 años para la creación de un órgano especializado en materia electoral, que diera certeza y legalidad a las elecciones, pero sobre todo que mantuviera un estándar internacional en materia democrática y de derechos humanos.

    Seguramente el Tratado de Libre Comercio con América del Norte no hubiera prosperado de no ser por el IFE. Hasta ese momento, México podía considerarse un Estado en pleno ejercicio democrático, con o sin sus desviaciones republicanas y del poder perpetuado.

    Para 2018, entonces, se cumplen 28 años de historia, de prueba y error, de polémicas y definiciones.

    Nuestro país estará 9 meses y 22 días, o 296 días asobronado en el proceso más complejo y grande en la historia democrática moderna.

    La reforma electoral de hace cuatro años por fin logrará concurrir a nivel local a 30 estados con la elección federal, así es como el próximo año se renovarán 9 gubernaturas, 27 congresos locales y, en 28 estados, las alcaldías. En lo federal el cambio de mando será en la Presidencia, las 128 senadurías y 500 curules federales. En total 3,326 cargos populares.

    Decía asobronado por la cantidad de propaganda con la que seremos bombardeados los ciudadanos. El paulatino y continuo graneo de información vendrá de todos los ángulos. No faltarán las innumerables filtraciones, las descalificaciones, los videos, los audios y las fotos. Los documentos, los leaks, la degradación del ser por la búsqueda del poder (bueno, una disculpa, soné muy pinche reaccionario).

    También nuestras propias autoridades nos alentarán a participar, porque se necesitará de un elemento clave: el recurso humano. 156 mil casillas serán instaladas y necesitarán ser atendidas por casi un millón y medio de mexicanos; si, 1,400,000 mexicanos aproximadamente deberán participar como funcionarios de casilla. Por eso esta elección es tan trascendente, por el nivel de participación social que se necesita para llevarla a cabo.

    Si en algún momento el IFE, o el INE consideraron el voto como el elemento con el que se mide nuestra participación en la política, en 2018 la voluntad del mexicano para participar, más allá del voto mismo, definirá la forma de hacer las elecciones en el futuro. Esta es la prueba de oro para nuestro país. Será el momento democrático de nuestra generación.

    Y para los mexicanos que salgamos a votar, requeriremos una habilidad especial para reconocer el nombre del candidato y sus propuestas. Una habilidad aprendida durante años, pero que para el próximo año exigirá un esfuerzo especial para poder identificar esas caras con esos nombres, con esos colores y con esas propuestas, para tachar las hasta seis boletas que se depositarán en sus respectivas urnas. Por eso en una entrega pasada mencionaba la importancia de colocar un sillón o algo parecido a un asiento dentro en la casilla. Como decimos por acá: “Hagan paro”.

    Todo el aparto democrático de nuestro país se movilizará el próximo 8 de septiembre. Y a la vez, todo el aparato político estará encarrilado ya, operando todas esas posiciones, todos esos escaños, curules y sillas del poder.

    Bueno, y después de 27 años de historia ¿estamos listos para la elección más grande de la que se tenga registro?

    Sí, estamos listos. México es tan grande y tan ancho como su pueblo, un pueblo que al amanecer del 2 de julio de 2018 será otro.

    @DavoCarrion

    www.journalveracruz.com

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