Felipe de Jesús Fernández Basilio
Desde A Janela
El pasado 18 de enero en una población irónicamente denominada Tlahuelilpan que significa “Lugar en el que brota el agua”, ocurrió una tragedia que cobró la vida de casi cien personas y dejó a muchas otras heridas, en lo que se reporta como la más grande catástrofe causada por el robo de combustible en México.
Ese percance es el bautizo de fuego para la actual administración federal, ya que ocurre casi cuando comienza y para colmo en el marco de su primera cruzada de importancia, la guerra contra el robo de combustible o huachicoleo.
Y se trata del primer gran reto que el gobierno enfrenta, ya que su actuar antes, durante y después de ocurrida la tragedia será cuestionado duramente tal y como debe de ser y se hace con cualquier gobierno en el mundo.
Sobre todo, porque dicho actuar deja mucho que desear en lo ya hecho y muchas dudas en lo por hacer y como muestras de ello veamos las siguientes:
En primer lugar, debemos de ver cómo ocurrieron los hechos y tenemos que todo comenzó con una perforación en un ducto provocada por los ladrones de combustible, la cual lógicamente no se encontraba bien hecha y con el paso del tiempo el combustible brotó en grandes cantidades, lo que provocó que los pobladores del lugar equipados con bidones y garrafas fueran a recolectar (hurtar) el combustible que emanaba del ducto perforado, situación que duró prácticamente todo el día y sin que las fuerzas del orden intervinieran ni que Pemex tomara las medidas pertinentes hasta que en la noche sucedió lo que tenía que pasar, el combustible explotó.
De lo anteriormente señalado tenemos que hay varias situaciones que contribuyeron a tremenda desgracia, unas atribuibles al gobierno y otras a la población, pero en las que el gobierno deberá e intervenir posteriormente.
De las que podemos atribuir directamente al gobierno tenemos el hecho de que desde el momento en que se supo que había una fuga y que la gente se empezó a reunir para robar, hay que llamar las cosas por su nombre, el combustible hasta que sucedió la explosión transcurrieron muchas horas y en todo ese tiempo solo acudieron al lugar un puñado de elementos de las fuerzas del orden, quienes fueron impotentes para contener a la que en tiempos virreinales llamaban como la “Vulgar Canalla”.
Y ello se debe a dos factores, siendo el primero de ellos el famoso “Síndrome del 68” que consiste en temer a imponer el orden cuando una multitud se desborda por temor a ser acusados de reprimir a los manifestantes y la otra es que el Presidente de la República no tiene la menor intención de tocar ni con el pétalo de una rosa a lo que él llama como el “Pueblo Bueno y Sabio”, aunque en este caso sea más aplicable el término colonial ya mencionado y de haberse reprimido a los que se acercaban a la zona, se hubiera minimizado la tragedia.
Otra situación que también es atribuible al gobierno es que no supieron que hacer desde Pemex para cerrar el ducto al momento de detectarse la fuga y ello se debe a que empezaron muy mal su estrategia para el combate al robo de combustible al cerrar todos los ductos y provocar desabasto y por ello es casi seguro que temieron volver a hacerlo y más que al cerrarlo se iba a afectar a su fiel Ciudad de México, no hay que olvidar que en los estados opositores todavía no resuelven el problema de la falta de combustible.
Pero como dijimos el gobierno no es el único responsable de la situación, ya que la población también tiene gran parte de la culpa de lo acontecido, ya que fueron al lugar de la fuga con la clara intención de robarse el combustible que brotaba de la fuga movidos por la codicia de venderlo en el mercado negro o a empresarios gasolineros y no por necesidad, ya que a simple vista se ve que no se trataba de gente en situación de extrema pobreza ya que estaban equipados con grandes cantidades de bidones y garrafas para transportar el combustible robado.
Y ese es un patrón de comportamiento generalizado en todo el país, ya que basta con que se accidente cualquier transporte de carga para que los lugareños acudan al lugar para saquear la mercancía transportada.
Mas a pesar de que la población también fue responsable del percance ocurrido y que si bien es cierto que los que murieron o quedaron gravemente heridos en el pecado llevaron la penitencia, también lo es que el actuar del gobierno en relación a lo sucedido será fundamental para saber si la cruzada contra el huachicoleo va en serio o solo son puras habladas.
Ya que la estrategia será seria si se investiga y sanciona a quienes acudieron a robar el combustible ya que la población implicada en este caso es tan culpable como el crimen organizado o los delincuentes de cuello blanco que se encuentran en Pemex o en el sindicato petrolero y si en verdad se quiere remediar el robo de combustible debe de haber cero tolerancia respecto a quienes cometan este delito sin importar si están organizados o son simples oportunistas.
Pero si van a continuar con el discurso de que el pueblo “recolectó” el combustible por necesidad y que solo las mafias están en los corruptos conservadores del pasado, lamento decir que toda esta campañita lanzada con bombo y platillo no es más que otro cuento ya que el problema no se va a resolver.
Así que esta es la primera gran crisis que tiene que afrontar López como gobernante y las decisiones que tome serán duramente cuestionadas y más si éstas no son efectivas tal y como él lo hizo durante años con quienes le precedieron; mas ahora él es el que está a cargo y por lo tanto lo que resta es decirle ¡Bienvenido a la presidencia Sr. López!
Twitter: @FelipeFBasilio

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