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    Montse Quevedo

    Epifanías

    La prevención de desastres naturales tiene por objetivo reducir la vulnerabilidad de la sociedad a los mismos y corregir las causas debido a la actividad humana, siendo la alerta rápida especialmente importante para la prevención a corto plazo, según el protocolo especificado a nivel mundial por las Naciones Unidas (ONU).

    La primera reacción cuando se produce un acontecimiento como el registrado los días pasados en comunidades pertenecientes a Las Vigas, es la de definirlo como un desastre natural, cuyo factor principal se encuentra en el descuido humano. Pero como tal, la primera reacción no es más que una reacción primitiva, que requiere de una segunda reflexión para el debate social y la toma de decisiones públicas.

    Ante el desolador panorama de lo vivido en el Cofre de Perote, un incendio forestal de elevada magnitud, debiera repensarse y valorarse la implementación de un programa de gestión de riesgos que sea funcional ante emergencias y desastres, situación que por lo pronto no se avizora ni queda manifiesta en las áreas estratégicas de acción de las actuales autoridades estatales y con ello crear lazos y encaminar esfuerzos para construir comunidades fuertes y menos vulnerables aplicando planes de preparación y prevención ante desastres, elaborando mapas de riesgo comunitarios y planes de contingencia para una mejor y más rápida respuesta.

    Puede parecer una obviedad, pero es oportuno recordar que los fenómenos definidos como desastres o riesgos naturales reciben su calificación de «natural» de los factores que aparentemente los generan, cuando sería más adecuado calificarlo en función no de su génesis sino de sus efectos sociales y económicos. Porque los desastres generalmente sólo se cuantifican o miden y sólo importan, en relación con la incidencia que tienen sobre la vida humana y las actividades económicas.

    Duele mucho ver que ni los incendios, ni los terremotos, ni las mismas inundaciones son objeto de preocupación en zonas despobladas, ni provocan desastres, ni constituyen riesgos en éstas, o al menos así lo entienden los encargados de la prevención y a ellos habría que aclararles que son desastres o constituyen riesgos en función de sus consecuencias, no solo de su origen. Y desde esta perspectiva son todo menos naturales.

    Urge un nuevo compromiso social en relación con este asunto, pues a todas luces es preocupante el tiempo que llevará reforestar y recuperar los suelos dañados por este incendio que duró más de 48 horas y que arrasó con la ya de por si deforestada área natural mal llamada “protegida” del imponente Cofre de Perote.

    @MontseQueVe

    montqueve@gmail.com

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