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    Jorge Arturo Rodríguez

    Tierra de Babel

    ¿Cómo dice el dicho? Hay que medir el agua a los camotes, y en el amor como en la política así se empieza, para luego, ya saben. Y ni tarde ni perezosos, los partidos políticos ya empezaron, o más bien continúan haciendo lo que saben hacer y muy bien: en busca del tiempo perdido, o lo que es lo mismo, en busca del poder o mantenerlo, porque camarón que se duerme, se lo lleva la chingada, aunque no por mucho madrugar amanece más temprano. Mientras, al pueblo –ese ente manoseado y saqueado y etc.- en espera eterna que les caiga del cielo, mínimo, una lluvia de ilusiones y, ahora sí, se haga realidad. Pero de lengua nos comemos… ¿cuántos tacos? Porque bien sabemos que árbol que nace torcido, jamás su rama endereza. Y tanto unos como otros –y los abstemios también- nomás simulan, cual circo, maroma y teatro. A otro perro con ese hueso… ¡Tranquilos, entrañables políticos tutifrutis!
    Como dijo Juan Villoro, a propósito de la dichosa alianza, ¡con sana distancia!, del PRI, PAN y PRD, de cara a las elecciones del 2021: “En algunos casos están planeando en sumar a todo lo que puedan, me parece que ese es el fin de la congruencia, el fin de las ideologías, no significan nada ya, esos partidos. El PAN, el PRI, son ejemplo de la cleptocracia. Son delincuentes que estuvieron trabajando, robando en México, durante mucho tiempo. Hemos tenido pruebas de esa política del PRI, por 71 años, más los seis de Peña Nieto, y 12 años del PAN. Ahora resulta que, con tal de ganar, se pueden unir. Echar montón, simple y sencillamente habla de la falta de credibilidad de estos partidos políticos, que lo deseable sería que desaparecieran para siempre”. (sinembargo.mx, 07/12/20).
    Ta güeno. ¿Y el actual gobierno? Ahí ustedes dirán, porque el cambio, la transformación no es enchílame otra, y bien lo saben muchos mexicanos que ni a enchiladas llegan a degustar en familia, con Chabelo o sin él. Quiera Dios, o quien decida, con “Cartilla moral”, “Guía ética para la transformación de México” o, incluso, si se les ocurre, con “Catecismo 4T”, al término de este sexenio no digamos: “Salió más caro el caldo que las albóndigas”. Y no vayamos a quedarnos como el perro de las dos tortas.
    Porque ya saben, así como en la paz como en la guerra, así en el amor y en la guerra política. No se olviden que a todo se acostumbra uno, menos a no comer. Y en estos tiempos pandémicos y pa’ “pénjamos”, a ver a un velorio y a divertirse a un fandango, como dice el dicho.

    Los días y los temas

    Lo escribió Brigitte Vasallo: “Crecemos y vivimos en una cultura donde la competición está presente en todos los ámbitos, bajo un «más fuerte, más lejos, más alto» que, como en los Juegos Olímpicos, no nos anima a superar nuestros propios límites sino a imponernos sobre los límites ajenos. Los concursos televisivos que animan a luchar a personas y equipos con las excusas más variopintas, las calificaciones del sistema educativo que nos sitúan jerárquicamente en mejores y peores de la clase, y nuestro Parlamento chillón e histriónico refuerzan cada día la idea de que lo importante no es el bien común, sino ganar una guerra eterna y omnipresente contra los demás. Los conflictos internacionales se solucionan imponiendo la fuerza y las conversaciones en los bares raramente derivan en diálogos, sino en discusiones airadas. Como bien decía Italo Calvino, «el infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos». El infierno lo atizamos todas y todos nosotros”. (eldiario.es, 18/08/2014).
    ¿Nos vamos entendiendo?

    De cinismo y anexas

    Bien lo dijo el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma: “El amor es de una amplitud enorme y como digo: el amor al atardecer, al otoño, a los hijos, a la pareja, a lo que haces, a lo que escribes, a lo que has dicho, aunque a veces te arrepientes. El amor hay que apreciarlo y vivirlo”.
    Ahí se ven.

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