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    Maricarmen García Elías

    Animalia

    Durante su última gira por Oaxaca en los días finales de 2020, al presidente López Obrador le fue obsequiado un guajolote para que se lo cenara en las fiestas decembrinas. En vísperas de Navidad, el 23 de diciembre pasado, la periodista independiente y activista de la Red de artistas e intelectuales por la abolición de la tauromaquia (RIA), Elideth Fernández, se dirigió al Presidente de México durante su conferencia diaria para solicitar al mandatario su aval para trasladar al Santuario SIKARÚ al guajolote que le regalaron, a lo cual él accedió de inmediato.
    Durante su intervención con el Presidente, la fotodocumentalista aprovechó para informar al Presidente y a la sociedad en su conjunto que el 21 de enero de 2016 el Estado de Veracruz aparentemente marcaba la pauta de la evolución a nivel mundial en materia de protección animal al haberse aprobado la ley de conversión de los zoológicos del estado en santuarios; «sin embargo, a la fecha sigue siendo letra muerta, no se cumple la ley» le expresó la activista al mandatario.
    Una de las más importantes misiones de los Santuarios, es educar al público desde la empatía, en especial a los niños quienes pueden observar, convivir y estudiar de cerca, a las diversas especies de animales en sus propios hábitats a través de programas pedagógicos, en vez de una visita al zoológico donde se observa a los animales, en un estado de encierro, estrés y explotación, con comportamientos contrarios a su naturaleza al no estar en su hábitat.
    La tendencia en varias naciones del mundo es que en un futuro inmediato el término zoológico será suprimido por el de Santuarios, por las ventajas que representa tanto para el bienestar de la población como para el de los animales. Así, Argentina, España, Canadá, Estados Unidos, Filipinas, India, Irlanda, Malasia, Pakistán, Reino Unido, Senegal y Tailandia, cuentan ya con Santuarios, dentro de sus políticas se requiere que los visitantes sean monitoreados todo el tiempo por el personal o voluntarios del lugar y que los animales tengan su espacio privado, es decir, que no se requiera que estén en exhibición ya que a algunos animales les gusta observar a los visitantes y a otros no, lo que puede causarles estrés y perjudicar su salud.
    Lo anterior contrasta con la función de los zoológicos, se dice que éstos son cárceles para animales, ya que son capturados para someterlos a exposición pública. Cuando hay nacimiento de especies, los cachorros atraen multitudes a los zoológicos y entran a programas de crianza en cautiverio como sucede con los lobos del zoológico de Chapultepec. Pero, poco a poco se sobrepobla de ejemplares adultos «menos agradables», quienes inevitablemente son cambiados a otros zoológicos o vendidos al mercado negro y a particulares. Esperemos que este año en Veracruz sí se le asigne una partida presupuestaria a este proyecto establecido en la ley desde 2016 para convertir los zoológicos en santuarios cuando se vote la Ley de Egresos a finales de año.
    Mientras tanto el guajolote de AMLO fue llevado al Santuario SIKARÚ, quien en su mayoría cuenta con especies de aves y está ubicado en Morelos. «Los inquilinos del Santuario, en su mayoría, son animales que han sido víctimas del abandono, la violencia y la explotación más brutal por parte de los seres humanos. Sin embargo, queremos hacer énfasis de que el guajolote resguardado en Palacio Nacional vivía como un príncipe solitario, pero con un destino incierto… en una sociedad que aún no aprende y que solo ve en los animales un producto para satisfacer su gula, para explotarlos, usarlos y desecharlos y no ven a un ser sintiente con capacidad de percibir y externar emociones, de sufrir o regocijarse y al que no es necesario matar para existir, el guajolote será revisado por nuestra Médico Veterinaria y estamos convocando a la sociedad para que nos ayude a elegirle un nombre» expresó Elideth Fernández directora también del santuario SIKARÚ.
    gaem80@gmail.com

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