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    Carlos Juan Islas

    Pues bien, yo necesito
    decirte mi tesoro
    que ya me es imposible
    hablar por el balcón,
    que es poco lo que aprendo
    que es mucho lo que ignoro
    que estando ayer en clase
    me echó el maestro un ”toro”
    y no supe decirle
    lo que es conjugación.

    II
    Yo quiero que tú sepas
    que ya hace muchos noches
    estoy embrutecido
    de tanto no dormir,
    que están en el empeño
    mis dos filosofías
    y si a pesar de todo
    me salgo con las mías
    no sé con cuántas erres
    me espera el porvenir.

    III
    De noche cuando pongo
    la luz sobre la almohada
    y hacia los libros quiero
    mi espíritu volver,
    bostezo, toso, escupo,
    no aprendo nada, nada,
    insisto en concentrarme
    –me lleva la tostada—
    y al otro día lo mismo
    me vuelve a suceder.

    IV
    Comprendo que los libros
    son muy buenos amigos,
    por eso de mi brazo
    no los suelto jamás
    y de temprana hora
    mis cuates son testigos,
    estoy puntual en clase
    sufriendo los castigos
    del maestro que me dice:
    “te voy a reprobar”.

    V
    A veces pienso en darle
    muy duro a la estudiada,
    “cortarte” y a mis cuates
    también darles “cortón”,
    mas es en vano todo
    y vuelvo a la flojeada,
    que quieres tú que yo haga
    que quiere el maestro que haga
    si esa es mi condición.

    VI
    Y luego que ya estaba
    concluido el cuestionario,
    los temas preparados,
    el maestro en su lugar,
    los otros sinodales
    con aire funerario
    y los que esperan
    pasar por el calvario
    se encuentran a lo lejos
    y no pueden soplar.

    VII
    Qué hermoso hubiera sido
    tener un aeroplano,
    vivir bajo sus alas
    sin ver a un profesor,
    tú siempre enamorada
    yo siempre muy ufano
    pasarme así la vida
    sin un libro en la mano
    y en medio de nosotros
    mi suegra como un león.

    VIII
    ¡Figúrate que hermosas
    las horas que no hay clase!
    que dulce y bello suena
    ¡no viene el profesor!
    mas eso no es posible
    que todo el tiempo pase,
    no siempre se nos hace,
    tremenda decepción,
    que cuando más queremos
    enferme de… dolor.

    IX
    Bien sabe Dios que pido
    su ayuda en el oral,
    el clásico panzazo
    quisiera ver llegar.
    Pregunta el profesor,
    pregunta el profesor,
    ¡no puedo contestar!
    inquiere nuevamente,
    me trato de calmar,
    mas es en vano todo
    y vuelvo a reprobar.

    X
    Esa era mi esperanza,
    pasar extraordinario,
    mas no me fue posible
    tampoco el posterior,
    adiós mis compañeros
    termina mi calvario,
    –mi más hermoso sueño—
    me voy para mi pueblo,
    de ceros un rosario
    le llevo a mi papá.

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