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    Duarte

    Carlos Loret de Mola

    Historias de reportero/ El Universal

     

    Reunión del gabinete de Seguridad del presidente Peña Nieto. Uno de los presentes imita el agudo tono de voz del gobernador de Veracruz. Todos se carcajean.

    No es sólo mofa. La crítica es de fondo: caricaturizan que cada vez que se comunican con el priísta Javier Duarte para preguntarle sobre un hecho delictivo, la respuesta es la misma: “Aquí no pasa naaada”.
    El problema es que sí pasa. Y lo saben en las más altas esferas del poder en México:
    Es el cuarto estado más violento del país, el sexto con más secuestros y encabeza la lista de entidades donde más matan periodistas. Son datos oficiales. Se siguen registrando balaceras, secuestros y cobros de derecho de piso. No pocos afectados han optado por irse a vivir a Puebla, Mérida o de plano a Estados Unidos, claro, cuando tienen recursos para mudarse.
    Es el quinto peor en escolaridad y el cuarto con más analfabetas, según el Inegi.
    Según la Auditoría Superior de la Federación, Veracruz es uno de los tres estados con mayor opacidad en el uso del presupuesto. Extraoficialmente se ha detectado un notable gasto en la renta de aviones particulares mientras hay proveedores a los que no se les ha pagado desde hace varios años y a quienes se les sugiere “arreglarse” con Tesorería y con el hermano del gobernador para “destrabar” sus asuntos (no hay ninguna denuncia concreta ante las instancias de procuración de justicia y las autoridades estatales han negado las imputaciones).
    Lo cierto es que las finanzas estatales están en territorio de colapso. Fuentes de primera fila me revelan que el presidente Peña Nieto ya fue informado de que Veracruz está en situación de quiebra. Tal es el diagnóstico de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
    Cuando los reporteros le preguntan sobre esta bancarrota, el gobernador Javier Duarte señala que heredó un gran desorden de la administración anterior, encabezada por su compañero de partido y padrino político Fidel Herrera. Omite decir que entonces él era secretario de Planeación y Finanzas.
    Hay otros episodios que rebasan el mero descuido: a aquel Ranulfo Márquez, cesado de la Secretaría de Desarrollo Social por los videos donde condiciona los programas sociales a votar por el PRI (aquel caso que detonó el “No te preocupes, Rosario” del presidente Peña), ya lo reinstaló en la Sedesol local. Y a Tomás Ruiz, quien salió de la Secretaría de Finanzas tras la incautación de 25 millones de pesos en efectivo en el aeropuerto de Toluca, ya lo reubicó como secretario de Infraestructura y Obras Públicas.
    Mientras tanto, desde Veracruz, lo que se reporta a las autoridades federales son las gracejadas y fiestas del gobernador Duarte, un carácter iracundo que le hace perder el equilibrio con frecuencia y un abucheo durante los Juegos Centroamericanos que todavía se recuerda.

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