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    Dalia Pérez Castañeda

    (Reflexión a «¿Tiene miedo'»)

    Las brutales y constantes agresiones no son un cobro de piso a las mujeres, son la consecuencia de tantos siglos de menosprecio a sus vidas, a su valor social, cultural, a la enorme contribución que hacen al desarrollo de la humanidad.
    La violencia hacia las mujeres es resultado de la educación, la explícita y la velada, aquella que en forma de chistes, refranes, usos, costumbres, campañas publicitarias, lanzan mensajes de la supremacía de los hombres y la objetualización de las mujeres; mensajes que se se arraigan en el imaginario colectivo y son difíciles de identificar y combatir.
    Los actos brutales contra las mujeres son resultado de la impunidad, quienes las agreden lo hacen porque pueden y porque saben, saben bien, que podrán seguir haciéndolo; saben que no habrá consecuencia, que una pequeña multa será suficiente, y están dispuestos a pagarla, porque no se trata de respeto, arrepentimiento, reparación del daño, conciencia colectiva o cultura de paz, se trata de relaciones de poder, que en pleno siglo XXI siguen vigentes con su profunda desigualdad.
    Las agresiones contra las mujeres se tratan de desensibilización, de falta de empatía, se ha normalizado la violencia, la presentan envuelta en series, memes, películas, programas de tv, videojuegos, dibujos animados, canciones; la presentan y tiene un altísimo consumo.
    Ya José Alfredo Jiménez decía «No vale nada la vida, la vida no vale nada” y tratándose de las mujeres, menos que nada, porque estamos en un orden estructural que privilegia a los hombres.
    Pero no, José Alfredo no tenía ni tiene razón, ni quienes venden violencia, ni quienes siembran odio, ni quienes son cómplices de los agresores por omisión.
    Es urgente poner la vida en valor, la de las mujeres, la de todas las personas, poner en valor el respeto, poner en valor la empatía y solidaridad, dejar que el amor ocupe todos los espacios, porque “Cada vida lo que un sol vale.”

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